domingo, 15 de enero de 2017

La avaricia rompe el saco!!!

LA AVARICIA


Se define como el afán o deseo desordenado de poseer muchas riquezas por el solo placer de atesorarlas sin compartirlas con nadie. Uno quiere más de lo que necesita por el hecho de poseerlo, sin que luego sea capaz de disfrutar todo lo que tiene. En su grado más alto, el avaricioso se esfuerza de forma interminable por satisfacer necesidades acumulando tesoros, si llegar realmente a satisfacerlas.

El avaricioso acumula muchas riquezas como el codicioso, pero a diferencia de este es incapaz de disfrutar de ellas, está en constante sacrificio para no gastar, para no perder nada de sus posesiones. El avaro que consigue poseer muchas riquezas sigue viviendo como un pobre con el único objetivo de no perder nada.

El ahorrador compulsivo o el tacaño, no trata de acumular riquezas como el avaricioso, su objetivo es no gastar, ahorrar.

En la literatura y en los cuentos tenemos ejemplos de personajes avaros, como el avaro personaje del cuento de Navidad, el ciego en el Lazarillo de Tormes, el miserable Mr. Burns de Los Simpson, dueño sin corazón de una ruinosa central nuclear, etc. Pero en el mundo real tenemos también y podemos encontrar avaros y a su vez codiciosos en los juzgados. El avaro en su codicia de tener más y más puede llegar a engañar y robar.

Todos y ante diferentes situaciones tenemos un grado de avaricia, pero qué es lo que puede llevar a una persona a ser avaro en esencia. Una de las cuestiones que podemos plantear es la ansiedad o el temor a la incertidumbre en cuanto al futuro, a la inseguridad que siente ante lo que pueda venir. Es el miedo ante posibles hechos lo que hace al avaro atesorar para enfrentarse a los mismos con las arcas llenas. La percepción del avaro ante el futuro suele ser muy pesimista y suele llegar a tener un miedo irracional a la pobreza del futuro.

Otra peculiaridad del avaro es su estilo de vida. Pese a que podría vivir de forma acomodada, el avaro tiende a vivir de forma miserable. El miedo que tiene a llegar a la pobreza no le hace sino vivir como si ya fuera pobre.

Las relaciones sociales del avaro como podemos esperar son muy escasa y poco intensas. La avaricia les hace carecer de solidaridad y de empatía con los demás. Si no gasta en uno mismo tampoco va gastar en los demás.

Si el avaro no disfruta de sus riquezas y es incansable en el trabajo para ganar más y más, estamos ante una persona que sufre, que ha caído en las garras de la avaricia. Cuando, además, la avaricia llega a ser de tipo obsesiva, cuando acumular posesiones es lo único que le importa, esta obsesión puede desembocar en patologías más graves, llegando a distorsionar la realidad y a desconectar emocionalmente de los demás.

Afortunadamente no tantos llegan a estos límites. El límite nos los proporciona nuestros principios éticos y la empatía con los demás. La mayoría llegamos a tener un grado de avaricia socialmente aceptado.
La avaricia también suele ser comparativa, el avaro no es que quiera tener tanto, es que quiere tener más que los demás. Se desea superar a los demás. A todos nos importa lo que los demás piensen de nosotros, y el tener más nos hace ser más envidiables.

La motivación para ser avaricioso la tenemos en cada rincón de nuestra sociedad y en cada esquina del día a día. Llegar a tener una buena economía, poder, seguridad, etc., son deseos que están en la mayoría de nosotros y que vemos reflejados como una constante en una sociedad de consumo.

Esta sociedad en la que nos encontramos nos alienta a tener más de lo que necesitamos, a tener el último modelo, a consumir por consumir, sin duda, es una sociedad que se encarga de producirnos múltiples necesidades. Y cuando vemos que puede peligrar el poder cubrir todas esas necesidades, es cuando caemos en la trampa de la avaricia.

Las situaciones de crisis o de carencias son también un motor de producción de personalidades avariciosas. El miedo a caer en paro, a no tener para pagar la hipoteca, a perder nuestra casa, a bajar nuestro estatus social, etc. son miedos que nacen de una crisis económica que motiva acumular por si acaso, para evitar el miedo que nos produce las situaciones de perdida que pudieran darse.

La avaricia rompe el saco, desear tener y tener más de lo que necesitamos puede hacer que perdamos lo que hemos ido acumulando y otras cosas que son más importantes. La avaricia siempre pierde.


sábado, 7 de enero de 2017

Como ir de rebajas y no morir en el intento!!

ENERO: EL MES DE LAS REBAJAS

Un año más llegan ya las codiciadas rebajas del mes de enero. Casi sin quererlo caemos frecuentemente y de manera rutinaria y compulsiva en la compra de las más y mejores ofertas. En muchos casos estamos motivados más que por nuestras necesidades, por el anunciado y fabuloso descuento de los productos. Uno puede llegar a comprar cosas que incluso no llegará a usar en la vida, simplemente por estar de superoferta.

Además de los gastos producidos por las compras típicas de las fiestas navideñas, llega este mes de enero y tenemos muchas veces la necesidad de entramparnos, sin que sea necesario, para poder hacer el habitual gasto en estas rebajas.

Desde el punto de vista de la personalidad humana no todos tenemos las mismas necesidades, ni nos sentimos atraídos por las rebajas de estos días de igual manera. Algunos, los que menos, están acostumbrados a cubrir algunas necesidades de tipo afectivo con el consumo de caprichos que dan cierto placer que puede cubrir ciertas carencias. En estas situaciones en que las personas han aprendido a cubrir de esta forma sus necesidades, es preciso un cambio importante en el nivel cognitivo, emocional y personal para evitar caer en las compras compulsivas y aprender, en muchos casos, a poder nutrir las necesidades afectivas de una forma saludable.

Cuando por el tipo de personalidad y necesidades somos más sensibles a caer en las redes de las rebajas, uno puede llegar a sentirse mal por la falta de control que uno siente y las dudas que provoca. Podríamos hablar, incluso, de patología cuando se siente la necesidad de consumir de forma compulsiva y se pierde el control en las compras. Los que están a su alrededor deben intentar ayudar a estas personas en la toma de conciencia de su problema, el incremento de su control y el refuerzo de la seguridad en sí mismos.

Hay compradores muy prácticos que saben aprovechar los descuentos esperados de estos días para hacer sus compras. Estos están esperando o se anticipan a sus propias necesidades. Pero hay que ser a veces un héroe o heroína para no sentirse atraído por los fabulosos precios de algunos utensilios que sin tener necesidad de ellos finalmente terminamos adquiriendo por el mero hecho de ser una ganga.

Algunos consumidores, más sensibles a caer en estas redes de las rebajas, pueden comprar compulsivamente y llegar a sentirse mal por ello. Al ir de comprar todos nos autocontrolamos para comprar lo que necesitamos y lo que más se acerque a nuestros deseos o caprichos, conjugado todo ello con nuestro presupuesto. Con todo esto y nuestro propio autocontrol decidimos el consumo o no de ciertas cosas. Puede también ocurrir que se disminuya nuestro control por el efecto consumista de las rebajas y, lleguemos a comprar cosas que en cualquier otra ocasión hubieran pasado desapercibidas a nuestras necesidades y nuestros bolsillos.

Algo similar a las rebajas de estos días ocurre con las compras en “las antiguas tiendas de todo a veinte duros” (o de todo a euro). Lo más difícil es entrar en una de ella y salir con las manos vacías, sin comprar nada (salvo que los días anteriores ya hubiéramos realizado nuestras compras en ellas). Nos atrae en estos comercios el bajo precio y los utensilios tan variados, con lo que siempre se suele encontrar algo o bien que cubra una necesidad o un capricho. Dado su coste mínimo generalmente no nos privamos de estas compras.

También existen los verdaderos artistas en esto de las compras en rebajas que saben, esperan y encuentran siempre lo que necesitan al mejor precio. Generalmente se trata de personas que al menos disponen de tiempo suficiente, ya que esto de las buenas compras no solo requieren control, reflexión y dinero, sino además un mínimo de tiempo para llegar a encontrar el comercio más adecuado y que tenga la mejor relación calidad-precio en las rebajas de estos días.


Para ser un buen consumidor es importante, además del autocontrol, la reflexión y el tiempo, como hemos visto, el aprendizaje de nuestros propios errores en nuestras compras anteriores. Los bajos precios, las buenas ofertas y oportunidades no deben engatusarnos, sino ofrecernos la posibilidad de cubrir nuestras necesidades a un mejor precio.

martes, 3 de enero de 2017

"COMO SER MAGO EN REYES"

         COMO SER MAGO EN REYES  



Como cada año con las fiestas navideñas, todos los papas se plantean como ser unos buenos reyes magos y coordinar y arbitrar todos los posibles regalos que en estos días irán dejando también sus majestades para sus hijos en los hogares de los familiares y amigos.

La ilusión de nuestros hijos con la llegada de los reyes magos debe ser mantenida y apoyada por nosotros todo el tiempo que nos sea posible. No hay una edad determinada para que ellos conozcan la realidad. De hecho, muchos niños conociéndola se aferran al mundo de sus fantasías para así poder disfrutar un poco mas de estas fechas.

A medida que nos acercamos más a la Navidad, nos bombardean toda nuestra cotidianeidad con abundantes propagandas e informaciones de los juguetes que nuestros niños pueden solicitar. Algunos anuncios incluso vienen con la carta de los reyes magos hecha. Nuestros hijos se ven así sumergidos en este marketing de los juguetes. Tienen que elegir entre un amplio, amplísimo abanico de posibilidades. Esto que por un lado amplía las posibilidades de los padres, en ocasiones se vuelve en nuestra contra si no somos capaces de encontrar el juguete preferido, que suele coincidir con el de mayor marketing y que en muchas ocasiones se agota. Y es cuando ante la posible desilusión de nuestros hijos, muchos padres comienzan una incansable búsqueda del más precioso tesoro, ese que está agotado en la mayoría de las tiendas.

Pero algo podemos hacer. Lo primero que debemos intentar es participar con nuestros hijos de la elección de los regalos. Con los más pequeños es fácil ir convenciéndoles de las ventajas y desventajas de cada una de las opciones, sin que en ningún caso ellos pierdan la ilusión. Al menos deben recibir algo de lo que ellos han solicitado, pero podemos incluir otros regalos que a su vez sean más aconsejables.

Para los más pequeños, los juegos simbólicos, una muy buena opción a elegir, son juegos recomendados para niños a partir de tres años en adelante y son aquellos por medio del cual el niño representa situaciones de la vida cotidiana y sus fantasías de manera simbólica. Se trata de los disfraces, casas de muñecas, muñecos y sus utensilios, cocinitas, marionetas, familias de animales, garaje de cochecitos, etc.

Para niños un poco mas mayores, una buena opción también son aquellos juegos en los que el niño debe jugar con alguien y donde todos estos sujetos a una serie de normas. La gama de juegos de mesa es muy variada. Enseñan a respetar las reglas de los juegos, a desarrollar estrategias para tener éxito y aprender también a saber perder. Tenemos juegos de mesa tradicionales como las damas, el ajedrez, el parchís, domino, las cartas y otros más sofisticados para incluso jugar toda la familia.

Otros juegos ayudan a nuestros hijos a aumentar la creatividad como son los juegos de construcciones y juegos de plástica; otros estimulan los sentidos, la memoria y la propia inteligencia, son los llamados juegos inteligentes. Otros muy interesantes para los más pequeños son aquellos que ayudan a desarrollas la psicomotricidad fina, como la plastelina, y la psicomotricidad gruesa, como los patinetes, bicicletas, patines, balones. 

Podemos incluir también algún instrumento musical o juguete musical y por supuesto no debemos olvidarnos de los libros. Hay libros para todas las edades y para que los niños aprendan a disfrutar con la lectura es tarea de sus padres fomentarla desde muy temprana edad.
             
Contamos en el mercado también con una amplia gama de juegos de ordenador. Es interesante que los niños tengan un buen acercamiento lúdico al mundo de la informática. Es imprescindible seleccionar aquellos que sean adecuados a la edad de nuestros hijos, que sean didácticos y sobre todo que no contengan ningún tipo de agresividad y violencia.

Los juguetes son muy importantes en la noche de reyes, pero también es fundamental para los niños todo lo que rodea está noche. Quien no recuerda de su niñez aquellas noches interminables de espera, noches fantásticas de ilusión en las que al despertar nos encontrábamos un zapato o calcetín con regalos. Todo lo simbólico y ritual de la noche hace que ésta sea aún más fantástica y emocionante. Dejemos que los niños y nosotros mismo disfrutemos de la magia de esta noche acudiendo a la cabalgata, adornando el salón, dejando los zapatos o calcetines, preparando una fuente con turrones y champan para sus majestades, etc.

Por último, el mejor consejo para que nuestros hijos disfruten de un inolvidable día de reyes, es convertirnos en niños y disfrutar con nuestros hijos de sus juguetes, compartir la alegría y la ilusión de la incertidumbre hasta el último momento, desenvolver y trasmitir la magia del momento, compartir los sueños, los juegos, sin duda el mejor de los regalos es vivir con ellos estos momentos.


jueves, 29 de diciembre de 2016

"Cuento de Navidad"

             CUENTO DE NAVIDAD


Llego la lluvia. Miraba por la ventana como las gotas resbalaban en el cristal y se fundían unas con otras en un charquito que surgía más abajo. Hacia calor y al abrir un poco la ventana, bruscamente muchas de las gotas se precitaron al vacío. Cuánto se parecen estas gotas a las que caían en mi casa y sin embargo que diferentes me parecen aquí.

 Aquí llevo ya ocho meses y por suerte tengo un trabajo. Un trabajo que me mantiene activa casi todo el día, pero es a por el trabajo que vine. La nueva rutina ha envuelto mi vida. Es mejor no tener mucho tiempo para pensar lo triste que me encuentro. La rutina y el trabajo me ayudan en mi añoranza.

Un día que tenía la tarde libre y hacía mucho calor para dar un paseo, decidí escribir una carta y la llevé al correo. A la vuelta me tropecé al bajar un escalón, y caí al suelo. Todavía me duele el tobillo. Alguien me ayudo a levantarme. Era un chico de unos 11 años de edad. Tenía el pelo del color de las amapolas y la cara llena de pecas. Fue muy amable, me acompaño hasta un banco donde decidí quedarme un rato. El chico decidió acompañarme y se sentó a mi lado.

“Gracias chico eres muy amable”. Le dije.
           
“¿Te duele mucho?”, me pregunto.

“Estoy bien, pero me duele el tobillo, descansaré un poco para que se me pase”.
           
“Me llamo Juan, y mi padre que es médico podría curarte. También tienen el pelo de este color”.

“Te lo agradezco Juan, pero no puedo pagar un médico, además ya se me pasa. Me gusta el color de tu pelo”. Le dije.

“¿En serio? ¿Estás de broma o qué?, no me gusta tener este pelo, cuando sea mayor y me dejen, me lo pondré de color marrón. Los chicos de mi clase se meten con mi pelo y me llaman tomate”. Contestó Juan.

“A mi me parece que tu pelo es distinto y por eso no es peor, al contrario, seguro que en tu cole no hay nadie que tenga el pelo como tu”.

“Si, hay una profesora que lo tiene así, pero con ella no se meten porque es mayor”.

“Sabes lo que te digo Juan, que yo también soy diferente porque mi casa y mi familia están muy lejos y porque el color de mi piel es más oscura. Además, parece que a los demás no les gustamos mucho los que venimos de fuera. No somos tan diferentes.

“Yo no quiero ser diferente yo quiero ser igual que los demás”. Afirmó Juan.

“Seguro que cuando a un chico de tu clase le da un premio, porque ganó una competición, a todos les parece estupendo y les gustaría estar en su lugar y sin embargo ese chico es atractivo y todos queréis ser como él porque tiene algo que los demás no tienen”.

“Jolín, un premio es algo muy especial.”

“Es algo muy especial porque solo uno lo gana y todos lo quieren y además porque para el que lo tiene es algo bueno. Tener el pelo rojo es distinto, es original, pero si a ti no te gusta, a los demás tampoco les va a gustar”.

Así seguimos hablando de nuestras diferencias y cuando se fue Juan me quede pensando en ello. Es verdad que si uno quiere sentirse especial por ser diferente a veces es difícil cuando los demás que te rodean no te dejan. Siempre seré especial para los que me quieren, pero quizás no tan diferente.

Cuando llevaba un rato pensado escuche como alguien corriendo se acercaba. Era Juan. Me dio un beso y se despidió con un “Gracias”.

Al día siguiente, cuando bajé a por el pan quise pasar por aquel banco buscando a Juan. ¿Por qué? Sentí que éramos muy iguales y muy distintos, pero ambos compartíamos el rechazo de mucha gente por se distintos. Juan no estaba por allí. A partir de ese día cada vez que tenía que salir algún recado me pasaba por allí, pero Juan no estaba.

Realmente un chico de su edad no tenía porque acordarse de aquella gordita que se resbaló y le dio el mismo sermón seguro que otros adultos.

No he encontrado mucha gente en este país que me aprecie sin importarle nada que sea diferente. Algunos, seguramente por miedo, rechazan lo desconocido. ¿Miedo de qué? Creo que yo he sentido muchas veces ese miedo, miedo a lo desconocido, es un miedo muy humano.

Por fin un día encontré a Juan. No fue precisamente en aquel banco, estaba en un parque muy cerquita, jugando a la pelota con un montón de amigos. Me quede un buen rato observando todos sus movimientos. Se desenvolvía bien con sus amigos. No parecía tener ningún trato especial, ni que tuviera conflictos. Decidí no interrumpir y di media vuelta cuando alguien me llamó por mi nombre. Era un hombre que enseguida relacione con Juan. Tenía su mismo pelo.

“Perdóneme, pero mi hijo me contó... Disculpe soy el papa de Juan. El día que usted se tropezó y habló con Juan, no era un buen día para él y sin embargo volvió a casa como más seguro. Enseguida notamos que tenía algo que contarnos. Disculpe a Juan por contarnos su historia. Es usted muy valiente. Por fin nos encontramos. Si le parece, a mi esposa y a mi nos gustaría ofrecerle nuestra amistad.” Me dijo.

Me quedé tan sorprendida que casi no pude contestar, era a mi quien se dirigía ese hombre, tan agradecido estaba solo por aquella conversación con su hijo.

“Ya sé que le parecerá estraño que me dirija así a usted, pero le hablo sinceramente. Creo que usted ha conseguido en unos minutos todo lo que hemos estado intentando su madre y yo durante mucho tiempo” Continuó.

“Bueno en realidad yo me siento un poco como su hijo por ser diferente y no porque sea peor, sino porque a veces así nos hacen sentir los demás. Para los que nos quieren somos especiales, pero a los demás parece que les asustamos un poco con nuestras diferencias y estas diferencias son tan pequeñas cuando pensamos en nuestras semejanzas.” Le dije.

Charlamos un ratito y enseguida se reunió con nosotros Juan. Venía sofocado y acelerado.

“¡Qué bien!, ya conoces a mi papi. ¿Verdad que te gustaría conocer a mi madre?”

“Hola Juan. ¿Cómo te fue en el partido?”.

“Bueno, no muy bien, pero ahora ya puedo jugar”. Entonces se dirigió a su padre y le dijo:” Papa, ¿podemos invitar a Sara a casa? ¿Vale?”

“Juan” Interrumpí yo. “Te agradezco tu cordialidad, pero ahora me tengo que ir a seguir trabajando. Te prometo venir al parque a verte jugar con tus amigos”.

“¿Me contarás historias de tu país? ¿Si? Bueno me voy que me llaman para terminar el partido. Adiós”. Contesto Juan y corriendo se lanzo denuevo a jugar con la pelota.

Mientras que Juan se despedía, observe como su padre sacaba un papel y anotaba algo en el mismo. Me lo ofreció y me pregunto:

“Bueno, ¿cuando crees que vas a estar libre para poder visitarnos?, no vamos a dejar que nos digas que no.” (Esto último debió decirlo porque algo debió observar en mi cara, lo que estaba escrito en el papel era su dirección, muy cerca de allí, por cierto.)

Quedamos pues en que iría a visitarlos la tarde que libraba. Cuando fui el primer día me estaba esperando la mama de Juan con los brazos abiertos. Conocer a Sofía para mí, fue una sorpresa. La mama de Juan era muy cariñosa y abierta y enseguida me dio confianza. Desde aquel día todos los días que podía me acercaba a visitarles. Nunca pense que encontraría tan lejos de mi tierra grandes amigos. Realmente yo también había prejuzgado a la gente de este país por no ser como yo y me he dado cuenta que no somos tan diferentes. Sentimos el dolor de la misma manera y sentimos el amor de igual forma.
           
Pasaba muchas tardes con Sofía y la verdad es que esperaba con ansia que pasará la semana hasta que llegaba mi día libre para ir a visitarlos. Con Sofía fui de compras, al cine, al zoo. Ella sí que mostro interés por mi historia.

Tengo dos hijos pequeños, uno de la edad de Juan y la pequeña de 7 años, ambos se habían quedado en mi país y yo ahora, estaba terminando de reunir el dinero para que pudieran venir a vivir conmigo. Mi marido sufrió un accidente mortal trabajando y por eso tuve que venir a trabajar, para poder alimentar a mis hijos. Se que ellos están bien y ahora no les falta de nada, pero siento cada pedacito de distancia que nos separa. Cada minuto que pasa les añoro un poquito más. Se que pronto estaremos juntos y eso me ayuda cada día a seguir adelante.

Sofía supo entenderme. Ella me dijo que, si tuviera que separarse de Juan y su marido para ir a trabajar a un lugar lejano y desconocido como había hecho yo, se moriría de tristeza, no sabía si hubiera sido tan valiente. Que ella me entendiera tan bien me gustó mucho.

Hace unos pocos días me llamó Sofía para preguntarme si podía ir a su casa esa tarde. Ella ya sabía que era mi tarde libre. Le pregunte si pasaba algo porque note que estaba un poco nerviosa. Solo me dijo que tenía una sorpresa para mí.

Cuando iba de camino hacia su casa, pensaba cual sería la sorpresa. Se habrían acordado que hace dos días fue mi aniversario, ellos si tienen la fecha porque han visto mis papeles, si eso será. Me habrán comprado un regalo y todo. Bueno también podría ser que Sofia al fin estuviera embarazada. También pensé que querían celebrar estas Navidades conmigo, aunque este año para mi están pasando desapercibidas. No se que cosas pueden ser. Por fin llegue a su casa. Escuche algún murmullo antes de llamar.

Antes de que Sofía hubiera terminado de abrir la puerta, sentí como dos personitas se lanzaron hacía mi en el deseo de pegarse mucho. Dios mío, no me lo podía creer. Pasaron unos minutos antes de que pudiéramos despegarnos y yo observara a mis hijos. Mis lágrimas no dejaban de correr por mi mejilla. Ya nunca más podrían separarnos. Como lo habían conseguido si todavía no estaba previsto. Al cabo de un buen rato de abrazos, besos, lágrimas y gemidos tuve que dirigirme a mis amigos, a mis buenos amigos. Me quede mirando un segundo a Juan, aquel niño de pelo de color de las amapolas que estaba tan dentro de la escena que miraba, que no dejaba de llorar. Me dio un abrazo.

“Hoy soy yo la que te da las gracias, Juan. Gracias a vosotros este día no podré olvidarlo jamas. Lo que siento no se puede explicar”.

Sofía me abrazo y me adentro hacia el salón. Allí se encontraba amigos y familiares míos que como yo estaban trabajando fuera de su país. Bueno habían sido los compinches de mis grandes amigos. Además, se encontraban los padres de Sofía y algunos primos y tíos de Juan. Allí estaban todos juntos compartiendo mi alegría y la de mis hijos. ¡Dios mío!, me repetía; ¿no será un sueño?, ¿cómo lo han conseguido?, ¿de verdad estoy despierta? Podría ser un sueño de Navidad, si el mejor sueño de Navidad.




sábado, 24 de diciembre de 2016

La Navidad en familia!!

                                                                                   
LA FAMILIA EN NAVIDAD

Como cada año las familias aprovechan para reunirse en las fiestas y celebrar juntos la Navidad. Si analizamos los cambios en la institución de la familia en los últimos años, nos damos cuenta, que de alguna manera se han modificado y modificaran también las actividades propias de estos días tradicionales de fiesta.

Los días que preceden a la Navidad caemos, de manera casi inconsciente, en las redes frenéticas del consumo. Abundantes comidas y cenas de trabajo inevitablemente nos estresan un poco más en el irremediable ritmo que para algunos conllevan las fiestas. Nos sumergimos en una carrera desenfrenada de tareas; compramos juguetes, regalos, vestidos, zapatos, comidas y demás enseres, además organizamos, ordenamos y adornamos la casa para tenerlo todo dispuesto. En estos días con tanto preparativo se nos escapa algo importante que apenas tenemos: nuestro tiempo.

Aunque disponemos de unos días de fiesta en nuestro trabajo, una parte de este se nos va en los preparativos. Es un tiempo que debemos aprovechar para descansar, para disfrutar, para cortar con la rutina laboral, para compartirlo con los nuestros, con nuestra familia. Aquí es donde deberíamos poner la lupa y sacar el mayor partido en estas fechas.

En el análisis de los cambios producidos en la familia, podemos observar objetivamente, un progresivo descenso en el número de miembros que las forman y una disminución también del tiempo que se comparte, incluso en la propia familia nuclear. También en Navidad, hacemos cada vez menos reuniones familiares y con menor número de participantes.
             
Algunas modificaciones en nuestros pensamientos a la hora de enfocar nuestras actuaciones pueden llegar a ayudarnos a sentirnos mejor con nosotros mismos y hacer sentir también mejor a los que nos rodean, así por ejemplo, en estas fechas en la encomendada tarea de buscar regalos, podemos intentar ponernos en el lugar del otro y no en el nuestro, podemos intentar sorprender y no caer en la rutina, podemos buscar el regalo más ingenioso y no el más lujoso, podemos compartir y participar de los regalos.

Si conseguimos no embarcarnos en este ritmo infrenable de tareas, tan acostumbrados la mayoría a mantener en nuestra vida diaria, si llegamos aprovechar relajadamente nuestro tiempo para compartir y participar de las actividades propias de estás fiestas, si intentamos empatizar con cada miembro de la familia, si saboreamos el disfrute de los más cercanos, si mantenemos y fomentamos la magia y fantasía de la Navidad, quizá así podamos llegar a pasar unos días inolvidables.

Los más pequeños en estos días, van a recibir seguramente, un excesivo número de juguetes. Sin duda el mejor regalo que pueden recibir en estos días es el tan codiciado tiempo de sus papas, el compartir y participar en familia de cada rutina diaria, como el vestirse, cocinar, jugar, dibujar... además de otras actividades propias de estas fiestas, como poner el árbol de Navidad, el Belén y demás adornos, preparar algunos dulces de Navidad, organizar y esperar la llegada de los Reyes Magos e incluso de Papa Nöel, y sin duda sentir a los adultos muy cerca.

Para nosotros los padres, si llegamos a conseguir compartir este tiempo en familia, recibiremos, de igual manera, el regalo más deseado, la felicidad trasmitida por nuestros hijos. Mantener las ilusiones y fantasías de la Navidad en los más pequeños, debe ser un objetivo primordial para todos los adultos, junto con la participación activa en el compromiso de aumentar la comprensión, la armonía, la unión, la tolerancia, la paz, el entendimiento y demás los valores dignos de resaltar en estas fiestas.


Ojalá que este año llegue a todos los hogares el mágico “Cuento de Navidad” y que podamos entender que, para cubrir y llenar nuestras necesidades, debemos dar y despues recibir. Ojalá que la felicidad llegue a todas las familias y que ellas puedan esforzarse en compartirla entre ellos y con los que más solos están. Ojalá que este articulo sirva, al menos, para que algunos lleguen hacer una buena reflexión en su proyecto familiar en la Navidad y para poder desearos a todos una “Felices Fiestas”.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Llegando a la Navidad

           EL ESPIRITU NAVIDEÑO



Cuando hablamos de este espíritu navideño nos referimos a una serie de actitudes, de estados, de sentimientos, de emociones que nos invaden en estas fechas navideñas tradicionalmente, en relación a las expectativas, los deseos, los sueños, la fantasía, las ilusiones, la fiesta y la magia. Hay varios aspectos en los que uno puede encontrar y favorecer este espíritu navideño, nada dañino y tan beneficioso para todos.

Es más clara la magia y la fantasía que los más pequeños tienen estos días. Todos compartimos los beneficios que éstas tienen y no solo las provocamos sino además en el anhelo de todos está el mantenerlas el mayor tiempo posible.

Los niños más pequeños no distinguen la realidad de la fantasía o magia. Hasta alrededor de los tres, cuatro años de edad el niño distingue difícilmente esta diferencia y así, por ejemplo, los personajes de fantasía, como el pato Lucas o el conejo de la suerte, que se puede encontrar en un parque son para ellos verdaderos, de carne y hueso. En torno a los cuatro años el niño empieza a sospechar de la autenticidad de los muñecos y a partir, más o menos de cinco años, sabe perfectamente que se trata de un señor disfrazado. Así, por ejemplo, los padres que han visitado los parques temáticos con niños de menos de tres años y niños de más de cinco, conocen la diferencia entre ellos y es, que los primeros viven toda la fantasía desde la realidad y los de cinco, sin embargo, saben que todo está preparado, pero no es real.

La distinción entre lo real y lo fantástico se realiza de forma progresiva. La magia del ratón Pérez y los Reyes puede durar, con suerte hasta los ocho o incluso diez años. Esto es así, además, porque los adultos nos encargamos de mantenerla por las ilusiones que ella magia conlleva en los niños.

A pesar de que el niño descubre finalmente el secreto de los Reyes Magos y Papa Noel, es posible conservar al menos cierta magia en torno a estos personajes y lo que ello supone. Esto es posible manteniendo ciertas sorpresas y expectativas en relación a los regalos. El ritual de espera durante estas fechas y la eterna noche de los Reyes mantiene las ilusiones y fantasías, y seguramente, hace cumplir los deseos de los más pequeños que no va ser tarea especialmente difícil.

En estas fechas, los adultos también, aunque no hacemos directamente una carta a los Reyes, manifestamos nuestros deseos para el próximo año, llenos de expectativas, necesidades e ilusiones.

Todos los preparativos, los rituales de preparación, el encanto de las luces, la alegría de los rituales familiares en los adornos navideños, las fiestas, los encuentros familiares, los villancicos, etc., sin duda, fomentan este espíritu navideño.  Estas tareas navideñas, inevitablemente se suman a las ya demasiadas tareas que uno tiene de partida y por ello consiguen en algunos casos aumentar el estrés. Sin duda debemos diferenciar estas tareas de ocio y de ilusión y evitar altas exigencias y obligaciones. Es posible poner en marcha nuestra creatividad y es necesario ajustarse a las posibilidades que cada uno tiene.

Aunque la gran oferta y las comodidades de horarios y personal que en estas fechas se pone a nuestra disposición desde los distintos comercios, la realidad de la compra de los regalos y demás enseres de estas fechas se nos puede hacer cada vez más cuesta arriba. Algunas pautas pueden llegar a mejorar esta actitud: compartir esta tarea, dejarse invadir por el espíritu navideño, contar con un presupuesto y una lista de necesidades y expectativas, haber pensado en distintas alternativas de regalo, ser creativo, ir sin prisas y premiarse al terminar la tarea.

Así pues, está en la labor de todos el mantener este espíritu navideño, y si es verdad, que un mal año nos hace aflorar muchas resistencias a celebrar las Fiestas, es siempre mejor solución y mas saludable dejarse invadir por las ilusiones y sueños de los demás. Por último, quiero terminar este artículo felicitando a todos los que se encuentran leyendo este artículo, y a sus familias en estas Navidades y desear un Feliz Año en el que se cumplan todas las ilusiones y deseos y unas Felices Fiestas donde podáis disfrutar del Espíritu Navideño.


jueves, 1 de diciembre de 2016

PARANOIA

LA PARANOIA


Decimos ¡estas paranoico!, cuando nos encontramos con alguien que les da muchas vueltas a las cosas o se tienen ideas o desconfianza exageradas.

Todos podemos llegar a ser paranoicos en determinadas circunstancias o al menos alcanzar distintos estados paranoicos. Por ejemplo, la desconfianza, más o menos exagerada, es un cierto rasgo paranoide, una característica de personalidad que tiene una graduación entre lo normal y lo patológico. Todos podemos tener un pequeño grado de esta desconfianza que puede ser agravada más o menos por las circunstancias sociales sin llegar a ser patológica.

Pero la paranoia es una verdadera enfermedad mental, un trastorno delirante o psicosis paranoica, que se caracteriza por un patrón de desconfianza y recelos de los demás que se da de forma prolongada en el tiempo. Los que lo padecen limitan su vida social de manera drástica y con frecuencia sienten que están en peligro y buscan pruebas para apoyar sus sospechas. No son conscientes de que su desconfianza hacia el entorno es desproporcionada. Aparentemente se muestran como personajes algo raros y pintorescos, susceptibles, cautelosos, suspicaces y desconfiados.

La sociedad en la que vivimos caracterizada por el individualismo, la intolerancia y el alto grado de competitividad, potencia este tipo de conductas. La competitividad como constante fomenta que las relaciones con los otros sean parciales y sin apenas elementos afectivos o emocionales. Los otros se constituyen como amenazantes de los que hay que desconfiar. Esto hace que entremos en un círculo, en el cual cada vez estamos más solos y a su vez cuanto más solos más desconfiamos y más temerosos nos sentimos de los demás. 

Los síntomas más frecuentes del paranoico son la preocupación porque los demás tengan motivos ocultos, la desconfianza, las creencias de ser explotados o usados por los demás, las dificultades en las relaciones llegando al aislamiento social, el desapego e incluso la hostilidad. Padecen delirios persistentes, falsas creencias de diferentes temáticas o contenidos que se basan en una incorrecta valoración de la realidad exterior. 

Los delirios pueden ser de tipo erotomaníaco cuando se tiene el delirio de que otra persona, normalmente de un estatus superior, está enamorado del uno mismo. Pueden ser de tipo de grandiosidad, cuando uno se cree tener un talento extraordinario, un poder, un conocimiento o una relación especial con una deidad o una persona famosa. Los hay de tipo celotípico, cuando se cree que su pareja está siendo infiel. También puede ser de tipo persecutorio, cuando se cree que uno mismo (o alguien cercano) está siendo tratado con mala intención, está siendo espiado, envenenado, perseguido, etc. Puede ser de tipo somático, cuando se cree que se tiene algún defecto físico o alguna enfermedad. Puede combinar varios tipos y ser de tipo mixto o ser de tipo no especificado si el delirio no pertenece a ninguna de todas estas categorías.

Estas ideas, evidentemente, no son compartidas por el medio sociocultural de la persona que las padece. Algunas veces se trata de una idea única y otras de complejísimos entramados delirantes. El paciente está totalmente seguro de la certeza de sus creencias y no se le puede convencer de su error mediante el razonamiento lógico. Esta es la base de todo trastorno delirante.

Son frecuentes también la rigidez y el autoritarismo, como rasgos de carácter previo, con mala tolerancia a que se les lleve la contraria y dificultades para la autocrítica. También son frecuentes cierta frialdad emocional y la presencia de egocentrismo.

Las causas de este trastorno de personalidad paranoica se desconocen. El trastorno parece ser más común en familias con trastornos psicóticos, como la esquizofrenia y el trastorno delirante. La paranoia suele presentarse con más frecuencia en personas mayores y el aislamiento favorece su aparición, por lo que tienen más riesgo aquellos que viven solos, sobre todo si son mujeres. Cualquier cuadro más o menos crónico o prolongado o cualquier situación de agotamiento psíquico, enfermedad física, e incluso el propio envejecimiento favorecen la presentación de síntomas que definen esta patología.

Tiene difícil tratamiento debido a que las personas que padecen este trastorno difícilmente sienten que están enfermos, no tienen conciencia de su patología, y dada su extrema desconfianza no llegan a confiar en los profesionales. Si el tratamiento se llega aceptar es el mejor pronóstico para el trastorno, y los medicamentos y la psicoterapia con frecuencia pueden ser positivos para reducir los síntomas y las consecuencias de estos a nivel social. El ingreso puede ser necesario cuando la intensidad de los síntomas delirantes conlleva riesgo de conductas agresivas para el paciente o para otros.

La familia de estos pacientes son los pilares fundamentales para su tratamiento. Son los que van a llevarlos a consulta y van a ser parte de su medicina. Es necesario que se favorezca en estos pacientes las relaciones familiares y sociales tan deterioradas por dicha patología.



domingo, 20 de noviembre de 2016

¿LES PASA ALGO A NUESTROS JOVENES?


LOS JOVENES DE HOY



La Psicología ha definido la adolescencia como un proceso de individualización y de metabolización de las transformaciones físicas ligadas a la integración del cuerpo sexuado. Desde el enfoque social sorprende el pretendido protagonismo de la infancia en la familia y el insólito poder que manejan los adolescentes en la misma hoy en día.

El joven estrena un nuevo cuerpo al que se ha tenido que acostumbrar y además debe definirse en su personalidad única. Todo este proceso de transformaciones y definiciones para el futuro lo hacen más inestable y vulnerable a las influencias. Por lo general los adolescentes se gustan poco, aunque no lo manifiesten, y son extremadamente sensibles a la opinión de los demás, sobre todo si se trata de sus iguales.

Por un lado, el joven ansía su autonomía con relación a sus padres y al mismo tiempo le inundan la inseguridad y los miedos ante la independencia. En este proceso los amigos se convierten en un pilar de apoyo muy importante.

La adolescencia sería el comienzo de la juventud en la que se va asentando todos los cambios para saltar al mundo y consolidar la personalidad. En los últimos años se ha ido alargando la edad que delimita la juventud en nuestra sociedad, debido también a los cambios sociales que nos han acompañado y que retrasan las posibilidades del joven para pasar a ser adulto.

Esta etapa de cambios y trasformaciones en la que se encuentran los jóvenes, se caracteriza también por una energía vital de entusiasmo, de ilusión, de fuerza real, de impulso general a la vida a veces difícil de controlar cuando todavía no se tiene consolidado el freno del autocontrol.

Perfilado así, como es el joven, definamos el escenario con el que hoy se encuentra.
           
Los medios de comunicación informan frecuentemente sobre algunos sucesos de violencia y vandalismo que protagonizan los jóvenes. Aunque los datos estadísticos nos informan que el aumento de estos sucesos en los últimos años solo ha crecido ligeramente, si existe, quizás, un aumento de la gravedad de los mismos, pero lo que llama la atención es que a nivel social existe una percepción más amplia sobre ellos. Estamos más informados y nos preocupa ahora mucho más la violencia en la escuela, las nuevas bandas juveniles y sus rivalidades, el botellón, el abuso de nuevas sustancias, etc.

¿Qué ha pasado? Por una parte, parece que se ha aumentado la sensibilización y preocupación por estos temas. Pero, qué se les ofrece a los jóvenes.  A modo de ejemplo, la televisión brinda una amplia gama de programación violenta y agresiva de especial interés entre los jóvenes y más pequeños. Así, un estudio reciente de la CEACCU (Primera Organización de Consumidores de España) encuentra que durante la programación infantil del sábado por la mañana con una mayoría de espectadores de entre 4 y 12 años, se da un acto violento cada tres minutos y aparece un “arma” de fuego cada 15. Desde luego, refleja un buen entrenamiento para el futuro.

Otro factor actual de análisis es la soledad en la que crecen nuestros jóvenes, motivada por las intensas jornadas laborales, el aumento de hijos únicos y otros cambios sociales que han acompañado no solo al aumento de la violencia entre los jóvenes, sino también al incremento de la violencia en la familia y de manera más intensa. Así, se encuentra actualmente un 15% de familias en España con un clima de agresividad tal que puede derivar en violencia física.

Si seguimos dando pinceladas del escenario de nuestros jóvenes nos encontramos con el constante bombardeo de noticias de los medios de comunicación sobre las deprimentes noticias del desempleo juvenil, el empleo basura al que con suerte van a poder acceder y el futuro profesional desalentador que los anima a salir fuera, buscar lejos una oportunidad. No dejamos al joven otra alternativa que estudiar, estudiar y estudiar, prepararse más que nunca sin la esperanza de encontrar un trabajo en el que desarrollar su esfuerzo, lo que supone la sobrecualificación.

La sobrecualificación es un desaprovechamiento de lo que el joven con su esfuerzo ha adquirido, lo que refleja la falta de retorno social de la inversión formativa realizada y supone la frustración de jóvenes. Esto implica además una la depreciación del valor y utilidad social de la educación, a los que unos cuanto se agarran para no continuar sus estudios.

Datos importantes que deberían preocuparnos también a los adultos, a pesar de que sean menos molestos, son el hecho de que también han aumentado los índices de suicidios y de trastornos psicopatológicos entre los jóvenes. La autoestima de los jóvenes ha disminuido en los últimos cinco años. Actualmente nuestros jóvenes tienen más cosas, más comodidades, pero no han aprendido a quererse a sí mismos y tienen más carencia de afectos.

La moral es otro aspecto por el que se define a la juventud actual. Escuchamos o decimos que nuestros jóvenes están faltos de valores, de ideales políticos, de ideales religiosos, líderes deportistas, cantantes, actores, etc., ideales que tiran de uno para intentar alcanzar objetivos. Ponemos esta etiqueta a la juventud actual que se ha visto arrastrada por lo social en general. Hemos sido nosotros, los adultos, los que hemos ido perdiendo estos valores, y somos los que no hemos sabido alentar o motivar a nuestros jóvenes a seguirlos. Hemos pasado de motivar la acción por un ideal, a la acción solo para llegar al disfrute, y si éste puede ser inmediato mejor.

Son así nuestros jóvenes en general o es solo la imagen que se da en los medios para justificar las desventajas que tienen para evitar la culpa a los adultos por no haber hecho nada al respecto.

A pesar de este escenario que se brinda a nuestros jóvenes tan poco alentador, la mayoría de éstos se encuentra esforzándose, estudiando más que nunca, tenemos más universitarios, más estudios de posgrado, nuestros jóvenes siguen haciendo voluntariado, estudian varios idiomas, se mantiene viva su activa imaginación y la capacidad creadora de los más talentosos que siguen luchando por hacerse valer, tenemos muchos jóvenes conciliando sus estudios con un trabajo para poder costearse sus gastos, en definitiva , la mayoría de nuestros jóvenes siguen luchando sin perder el impulso, el entusiasmo y la energía por encontrar un lugar que les haga independientes.


domingo, 13 de noviembre de 2016

UNA LECCIÓN DE VIDA

                                                                                                  UNA MIRADA ATRÁS


No soy una chica con suerte, más bien mi vida ha ido trascurriendo en un devenir de altibajos y tropezones. Mi madre no me esperaba, pues tengo cinco hermanas mayores y cuando nací mi madre no tenía pareja fija. Nunca conocí a mi padre.

Recuerdo de mi infancia las idas y venidas de mi madre al centro penitenciario. Menos mal que mis hermanas eran mayores y podían cuidarme, varias veces estuvieron a punto de meternos en un internado. Con mi hermana a la que sigo me llevo 12 años, Pepa. Es la que siempre me ha cuidado más y con la que tengo más relación.

La escuela no se me dio nada bien, por lo que a trompicones llegue hasta los 16 años repitiendo y suspendiendo. Quizás sabía que en cuanto tuviera los 16 tendría que trabajar o quizás, como mis hermanas, no le había dado importancia a eso del estudio. Ahora si pudiera volver atrás, seguro hubiera aprovechado más el colegio.

Mi hermana mayor me encontró un trabajo enseguida en una casa, para limpiar, pero el señor de la casa que era asqueroso me andaba tocando y mirando mal, hasta que un día se lo dije a la señora y me echaron. Mi hermana Pepa me regaño mucho por perder el trabajo, ya que en esa época andábamos muy mal en casa y apenas teníamos para comer y pagar las deudas que se acumulaban. 

Las dos hermanas mayores se habían independizado y poco nos podían ayudar porque también andaban justas, asique se acumulaban los recibos sin pagar. Fui de casa en casa trabajando por horas, y como tenía poca experiencia me pagaban poco. Todo lo que ganaba lo tenía que dar en casa o casi todo, alguna vez me quedaba algo de dinero que isaba para ir a ver a mi madre y pasarle algo para sus gastos, ya que otra vez estaba en la cárcel.

Por aquel entonces conocí a Manuel, alto y muy guapo. Me enamore enseguida y locamente. Al principio no le guste mucho pero luego enseguida empezamos a salir. Yo apenas había salido con dos o tres chicos, nada serio y siempre me habían dejado por otras chicas. Debía estar muy enamorada, pues este era para mí el definitivo y, debía estar ciega. No veía que era muy mandón y que no le gustaba que tuviera más amigos, ni siquiera amigas. Manuel no gusto ni a mis amigas ni tampoco a mis hermanas. Yo siempre le defendía hasta el día de la pelea. 

Ya ni siquiera me acuerdo porque empezamos a discutir y como si se trasformara empezó a darme ordenes que yo ya no entendía, empezó a gritarme y a darme patadas, empujones y golpes. Yo recuerdo que me defendía sobre todo a base de arañazos e incluso mordiscos, no soy muy grande ni muy fuerte. Los golpes eran cada vez más fuertes. Así termino la historia, yo en urgencias y el detenido. Al final me dio miedo o pena, no sé, y no puse denuncia. No volví hablar con él. Estaba visto que no tenía suerte tampoco en el amor.

Empecé a trabajar limpiando en la residencia donde trabajaba una de mis hermanas y ya llevo 9 años. Es un trabajo muy duro porque estoy todo el día rodeada de abuelos que están enfermos y muy viejitos. Alguna vez me dejan ayudar a los celadores. Yo que no he tenido abuelos, aquí aprovecho y puedo elegir unos cuantos para mi cada día. Me gusta ordenar y limpiar todas sus cosas. Ya me conocen todos y sigo pasándolo muy mal cuando alguno se muere.

Después de la relación con Manuel no quería saber nada de los chicos, hasta que conocí a Pedro, celador de la Residencia. Es de Ecuador asique también está muy solo por aquí, menos un hermano que vive en Murcia toda su familia sigue en Ecuador. No es tan guapo como Manuel, pero es tan cariñoso que me enamore de él enseguida. 

Cuando llevábamos un año saliendo con Pedro, mi madre falleció en la cárcel de un infarto. Mis hermanas decidieron vender la casa, para poder pagar las deudas y que cada una pudiera hacer su vida. Sacamos poquito porque la casa estaba en un barrio pobre, pero fue suficiente para que Pedro y yo empezáramos a vivir juntos.

Por fin la vida me sonreía o así me lo parecía. Teníamos mucha ilusión y nos queríamos mucho. Apenas nos veíamos, a veces más en la residencia que en casa. Pedro hacía horas extra y algunas chapuzas que le salían. Yo y sobre todo en esta época que no teníamos niños, también hacía algunas horas extra limpiando casas.

Enseguida llegaron los niños, tenemos dos, preciosos, la parejita de 6 y 4 años de edad, no paran de crecer y a mí me agotan, pero me dan la vida. Lo más difícil ha sido conciliar los horarios para cuidarlos.

Pedro cambio el turno de noche y así le subieron el sueldo. Sigue haciendo todo lo que le sale. A mí me hicieron jefa de planta hace dos años. Aunque trabajamos mucho y estamos muy justos con el alquiler, el pago de coche y los recibos, las cosas van muy bien entre nosotros. Tengo la familia que siempre había deseado.

Después del último embarazo no me había hecho la revisión ginecológica, me había quedado en el ... ya la hare el próximo mes, o el siguiente, o el siguiente… y habían pasado ya 3 años. Siempre con los horarios tan justos no había tenido hueco. Al final busque una cita pues quería un nuevo método anticonceptivo. 

El jueves fui a consulta a recoger los resultados. Hoy es jueves otra vez después de muchos meses, pero es como si el tiempo se hubiera parado y a la vez no parase de correr. Yo solo esperaba una nueva receta y no un formulario y papeles con citas para nuevas pruebas. El diagnóstico, cáncer de mama.

Me quede sin habla y sin saber cómo digerir la noticia. Siempre lo escuchas de alguna persona cercana o lo ves en películas, pero cuando te llega a ti es como una bomba, un sueño, no quieres que sea real. Solo podía pensar en mi familia, en mis hijos, esto no podría ser, no, porque a mí, ahora que mi vida empezaba a funcionar, no era justo. Estaba enfadada con el mundo y con Dios. Ahora no podía enfermar, tengo dos hijos que cuidar. No, no y no, pero si, si es a mí, no es un sueño, es real. No sé cómo llegue a casa ni cuánto tiempo paso hasta que se lo conté a Pedro. Pedro se quedo bloqueado, hacia menos de un mes había perdido a su madre y ni siquiera había podido ir a despedirse.

Han pasado 15 meses de pruebas, análisis, operaciones, medicación, quimio, radio, y perrerias varias. No me he privado de nada. Ya no soy la misma, se me paso el desaliento. 

Me está saliendo el pelo otra vez y es como si algo en mi volviera a nacer, estoy llena de vida que está renaciendo en mí y esta enfermedad no me la va quitar. Ya no estoy enfadada, toda mi energía la guado para curarme. No solo quiero vivir, es que tengo que vivir, por mis hijos, por Pedro y por mí. 

Pedro, madre mía Pedro, ha sido la mejor medicina este tiempo, sin derrumbarse, cuidándome, haciendo que todo fuera más fácil. Mis hijos lo han vivido regular sobre todo al principio, pero nos ayudaron en el hospital y han hablado con ellos varias veces, les contaban cuentos y cosas para que a su manera lo entendieran.

Hace tres meses me he apuntado a una escuela para adultos para reanudar mis estudios. Estudio con mis hijos que empiezan a tener deberes y de momento les gusta que yo también tenga deberes de mi cole.

Sé que una revisión a tiempo me hubiera ahorrado al menos una operación y varios tratamientos, sé que en cualquiera de mis revisiones todo puede volver a empezar, pero también sé que tengo a mi lado la mejor de las familias, que Pedro es el mejor de los hombres y que me siento con fuerzas para enfrentarme a lo que venga, y mientras voy aprovechar cada momento para disfrutar de esta vida que por fin me está sonriendo.


domingo, 6 de noviembre de 2016

NUEVOS ROLES MUJER Y HOMBRE

SIGUEN LAS DIFERENCIAS


La situación de las mujeres a lo largo del siglo XX ha experimentado una profunda transformación. Las correspondencias reales de una sana adaptación no se han producido con la misma rapidez que el cambio social que afecta a componentes muy arraigados del sentimiento colectivo. Todavía hoy muchas mujeres por el mero hecho de serlo se encuentran en situación de desventaja social.

En el proceso por el cual la mujer y el hombre van adaptándose a sus nuevos roles también se encuentran distinciones. La mujer, a diferencia del hombre, tiene la necesidad de conciliación entre las responsabilidades que asume en el trabajo y las responsabilidades familiares. Las exigencias y demandas sociales entre los dos ámbitos (el familiar y el laboral) son todavía distintos para los hombres y para las mujeres y para éstas es más difícil de simultanear, motivado por el mayor peso que asume en las tareas a nivel familiar.

El desempeño de una labor profesional supone para las mujeres, además de su independencia económica, una importante fuente de identidad, de autoestima y reconocimiento social, representa un espacio para el desarrollo autónomo e independiente de la familia. En el hombre se conjugan todavía hoy, además de estos factores, una cierta obligatoriedad social de responsabilidad que en la mujer surge en menor grado.

Las mujeres tienen el deseo de armonizar los dos ámbitos, de conciliar e integrar sus deseos en ambos campos. Las dificultades cotidianas para llegar a esta armonía se complican, sobre todo en la mujer, con la llegada de los hijos, con la asunción de nuevas tareas de cuidado, protección y educación de los hijos. Así, la falta de tiempo se hace una constante en las mujeres.

Es verdad que el proyecto de paternidad ha cambiado al igual que el de maternidad, pero sin que de momento se asemejen. Las expectativas y los deseos de los hombres y mujeres en relación con su paternidad y maternidad no son iguales. Las razones más frecuentes que dan las mujeres hoy para querer ser madre son: dar sentido a su vida, evitar la soledad, cuidar de alguien y sobre todo vincularse profundamente. Los hombres, sin embargo, manifiestan su deseo de paternidad, entre otros motivos, por una razón social y por tener ayuda en la vejez. Estas diferencias que cada vez son menores hacen, sin duda, que la asunción de rol paterno y materno desempeñado sea, todavía, diferente y la asunción de tareas en relación al cuidado y atención de los hijos también se mantenga desequilibrada.

En este sentido, algo que debemos tener en cuenta en relación al rol paterno del pasado, es el “hambre de padre” que tenían los hijos en las familias más tradicionales, donde el padre se encuentra en segundo nivel en el cuidado, atención y educación de los hijos. Es en este punto donde se debería motivar y apoyar también a los hombres en estos cambios, para que puedan desarrollar un rol paterno cada vez más similar y compartido al de las madres para el beneficio de toda la familia y en especial de los hijos. Un dato al que llega Gottman, investigador y estudioso de la pareja, es que un factor determinante para distinguir a una madre feliz de una infeliz es, si el padre la acompaña de forma conjunta en esta transformación en padres.

Es cierto que las mujeres, a diferencia de los hombres, conseguimos durante los nueve meses de embarazo de nuestros hijos una relación simbiótica de comunicación integra que junto con el nacimiento nos ayuda a la mayoría, a establecer un profundo vinculo con nuestros hijos. Es por ello que el hombre en este aspecto tiene una clara desventaja. Para ello hoy se intenta que el padre comparta el embarazo y parto de la madre de la forma más intensa y cercana posible. En este sentido y como muestra nuestra propia sociedad, el trato continuo y la afectividad son claves para crear el vínculo entre los padres y los hijos.

Hay otro aspecto que diferencia todavía a hombre y mujeres en sus roles parentales y es “la culpa”, una culpa social sin duda. Esta está presente en las mujeres cuando por la conjugación entre su vida laboral y familiar reduce el tiempo dedicado a sus hijos. Esta culpa aparece en la mujer más que en el hombre, incluso si el tiempo que pasa con sus hijos es mayor que el que pasa el hombre.


Parece que todavía estamos en proceso de modificaciones y transformaciones. Cada uno puede ayudar a este cambio real, debemos ayudar y apoyar a las mujeres, pero también a los hombres, los cuales en estos cambios también, en muchos casos, se sienten perdidos, solos y mínimamente apoyados. Lo que tenemos que tener claro para el futuro es que todos somos diferentes y nuestras diferencias individuales superan las de pertenecer a uno u otro sexo. Esto significa que cada miembro de la pareja tiene unas características personales, independientemente de si es mujer u hombre, y son en é deberían marcar las bases para organizar la atención, cuidado y educación de los hijos.