martes, 19 de septiembre de 2017
jueves, 24 de agosto de 2017
Síndrome Postvacacional
¿Qué nos pasa cuando terminan
las vacaciones y tenemos que volver a nuestra rutina? ¿Por qué nos cuesta?
El síndrome post-vacacional,
también conocido como estrés o depresión postvacacional, se refiere a la
ansiedad o presión emocional que debemos afrontar al readaptarnos a las tareas
laborales después de un período vacacional.
Realmente si uno ha descansado
y desconectado durante sus vacaciones lo lógico es pensar que ha recargado
pilas para volver al trabajo como nuevo. En la mayoría de los casos este
síndrome se da en en pequeña escala y en breve desaparece. Solo en algunos
casos la cosa pasa a mayores.
Cuando estamos de vacaciones además
del cambio de actividades, se modifican varias cosas de nuestra rutina
habitual, se cambian los horarios de sueño, generalmente durmiendo más y con horarios diferentes, se
cambian también nuestros horarios de comidas e incluso nuestra rutina de comer, en la
mayoría de los casos dejamos de hacer comidas rápidas y a solas, y pasamos a
prolongar nuestras comidas que son compartidas con nuestros familiares, amigos,
etc. Tenemos más tiempo de ocio, más tiempo para nosotros, en definitiva,
solemos modificar todo nuestro patrón diario con una adaptación extraordinaria.
Pero esta fácil adaptación a
las vacaciones, generalmente no es tan rápida y cómoda a la vuelta a nuestra
rutina laboral. Volvemos con las pilas cargadas, pero hay algo en nuestro
interior que se resiste a volver.
Madrugones, responsabilidades,
obligaciones, y un cúmulo de tareas a las que volvemos a enfrentarnos, hacen difícil
nuestra vuelta.
No pegar ojo la noche anterior
a la vuelta al trabajo, tener el estómago cerrado o tener hambre durante todo
el día, son síntomas frecuentes, lo que aumenta nuestro “cierto malestar”.
Y
para paliarlo, como estrategia de consuelo, uno puede empezar a preparar sus siguientes vacaciones.
Los hay que en dos o tres días
antes de terminar sus vacaciones, anticipan su vuelta y en vez de disfrutar de
esos últimos momentos, les da por caer en todas las malas sensaciones de lo que
va suponer la vuelta a la rutina.
Luego, aunque nos cuesta y
padecemos este síndrome, enseguida nos hacemos a la tarea, y cuando llevamos
tres o cuatro días parece que llevamos semanas y semanas. Volvemos a nuestros
horarios, rutinas, comidas, relaciones, etc.
En algunos casos el periodo vacaciones
también puede ser un foco de desilusiones, de desadaptaciones y de conflictos. Las
estadísticas nos muestran que en estos periodos suele aumentar el número de
separaciones o divorcios. Esta desadaptación es frecuente en las parejas que en
su día a día están cada uno sumergido en sus tareas de trabajo y ocio, que apenas
comparten algo de tiempo diario en familia, y que al llegar a las vacaciones se
comparten las veinticuatro horas al día, es como volver a empezar la relación
perdiendo ciertas libertades que se tienen con la rutina laboral. Y todos
sabemos lo que se puede complicar esta desadaptación cuando hay que sumar la
atención a los hijos, cuando son funciones que durante el curso están delegadas.
Pero este es otro tema diferente al que nos ocupa este artículo.
Volviendo al síndrome posvacacional,
muy pocos casos de estrés postvacacional precisan de una atención o apoyo
profesional. En la mayoría de los casos se trata de molestias pasajeras que se
caracterizan a nivel físico por mayor cansancio, fatiga, falta de apetito,
sueño, dificultad para la concentración y a nivel psicológico se
puede dar falta de interés, irritación, nerviosismo, tristeza o falta de
motivación.
Cuando uno sabe por propia
experiencia que le va a costar estos cambios puede mejorar la adaptación si: vuelve a la rutina de forma gradual,
sobre todo en lo que tiene que ver con la rutina del sueño, para no empezar a
trabajar sin apenas haber pegado ojo la noche anterior. Se debe intentar mantener una actitud positiva y realista,
uno comienza con las pilas cargadas para enfrentarse a esa tarea cotidiana que ya
domina.
También ayuda iniciar la nueva tarea con pequeños objetivos y planificándose
límites en la propia rutina. Debemos intentar conciliar la rutina de
trabajo con alguna actividad de ocio o
deporte que solemos practicar solo en el periodo vacaciones, y muy
importante mantener las relaciones de
amistad que se fortalecen en las vacaciones y de las que apenas hacemos
caso hasta las siguientes vacaciones.
A los niños les suele afectar también
estos cambios, dado además que sus tiempos de vacaciones son muy largos y con
rutinas muy diferentes al periodo escolar. Pero en general, en cuestión de unos
días se adaptan sin problema a sus nuevas rutinas.
Este síndrome o estos síntomas trás las vacaciones,
sin embargo, no constituyen motivo alguno para privarse de las tan necesarias
vacaciones, no solo para descansar y recuperarse, si no para desconectar del estrés
al que habitualmente la vida laborar nos obliga.
martes, 8 de agosto de 2017
¿CÓMO EXPLICAR LA CONDUCTA ANORMAL?
CONDUCTA ANORMAL, TRASTORNO MENTAL...
La sociedad preclásica, explica
la conducta anormal con una interpretación demoniaca, con la idea de que un ser
maléfico podía haber tomado posesión de la persona.
Durante la antigüedad
grecorromana, se combina esta concepción demoniaca con la idea de que esta
conducta anormal, los trastornos mentales son enfermedades físicas.
En la Edad Media, dada la gran
influencia de la iglesia católica, se vuelve a esa concepción demoniaca y se
consideraba al enfermo mental como una víctima inocente del diablo, basándose su
tratamiento en exorcismos, oraciones, agua bendita, peregrinaciones, etc.
Este panorama cambia y es
criticado con el Renacimiento y la Ilustración, volviendo a una explicación de
la conducta anormal por causas naturales. Aparecen los primeros manicomios y
hospitales psiquiátricos con finalidades terapéuticas.
Las condiciones inhumanas de
dichos lugares mejoran con la primera reforma asistencial de finales del siglo XVIII
y principios del XIX. Se empieza aplicar el método clínico descriptivo,
parecido al actual, que trata de describir estos cuadros clínicos, se observa y
describe la conducta anormal.
A finales del siglo XIX y
principios del XX se formulan las primeras hipótesis explicativas de la
conducta anormal, hipótesis de tipo biologista e hipótesis de tipo
psicologista.
Con la segunda revolución terapéutica,
que conlleva la desaparición del hospital mental, el surgimiento de la atención
comunitaria y el nacimiento de la psicofarmacología moderna, y junto con las
aportaciones de las neurociencias y el establecimiento de nosologías y sistemas diagnósticos
reconocidos de los diferentes trastornos mentales, llegamos al panorama actual.
Ya hoy en día sigue siendo muy
complejo definir este concepto de anormalidad, conducta que como hemos visto,
se da en cualquier cultura y en cualquier época.
La psicopatología es la
ciencia que estudia la conducta humana centrando su interés en la naturaleza y
la etiología de la conducta anormal o patológica. Existe una diversidad de
enfoques dentro de esta ciencia de la psicopatología y cada uno de ellos
defiende unos criterios para definir la conducta anormal, criterios
estadísticos, clínicos, sociales, biológicos. No hay una definición totalmente
compartida del concepto de anormalidad. Todos los criterios son necesarios para
esta definición y, a su vez, insuficientes por si solos para definirla.
Para poder explicar y prevenir
la conducta anormal primero hay que describirla y clasificarla. Durante muchas
décadas se ha tratado de encontrar la clasificación adecuada, no sin ser cuestiona
y criticada la necesidad de clasificación.
Superado el debate sobre la
necesidad y ventajas de las clasificaciones, a finales de los años setenta
fluyen las primeras clasificaciones. Los dos sistemas de clasificación actual más
utilizados, son el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales
de la Asociación Americana de Psiquiatría, el DSM, y la Clasificación
Internacional de las Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud, el
CIE.
Actualmente el DSM va por su
quinta edición, el DSM-V, y el CIE por la décima, CIE-10. Estos sistemas
describen y clasifican las conductas anormales, los diferentes trastornos
mentales.
Si bien está clara la utilidad
de dichos sistemas de descripción y clasificación de la cada conducta anormal, cada
trastorno mental es único en cada individuo. Si bien se comparten algunas características
que definen y describen el propio trastorno, el mismo es diferente en cada uno
de los que lo padecen. Esta idiosincrasia de la conducta anormal motiva el
diseño de intervención o tratamiento a medida y ajustado a cada caso.
jueves, 3 de agosto de 2017
MADRE DE FAMILIA NUMEROSA
…madre
de familia numerosa, de las de antes
En la década de los 60 era muy
frecuente que las familias fueran numerosas, pero numerosas de cinco, seis y
siete hijos en adelante. Esto ha cambiado mucho y el numero de hijos por familias ha disminuido tanto que en la actualidad la ley considera como familias numerosas a las que tienen tres o
más hijos, y para las generaciones actuales y venideras tener un hijo esta siendo algo casi excepcional.
Las mejoras tecnológicas, la
revolución digital, la igualdad y todas las trasformaciones sociales que se han
ido produciendo, han acompañado también la trasformación de la familia
tradicional, y se ha producido una diversificación de tipologías de familias,
con más opciones, más oportunidades, y más ventajas en general.
Estos cambios han hecho que esta raza de madres de las que vamos hablar, de un calibre de madres excepcionales sea una raza a extinguir. Las madres
actuales son otra categoría posiblemente a desaparecer dado su perfil de
verdaderas heroínas en materia de conciliación, pero este podrá ser tema de
otro artículo. En este voy a centrarme en el papel de esa madre de familia
numerosa de los años 60.
Habitualmente, en estos años,
cuando se constituía el matrimonio, la mujer dejaba todo, estudios y/o trabajo,
para dedicarse por completo a la formación de su familia. El objeto de esta
unión era esto, tener hijos para formar una familia, por lo que no
había que pensar cuando sería el mejor momento para tener los hijos, estaba
claro que desde el minuto uno, la pareja se ponía a ello. Esta cultura de
familia tradicional, junto con la cultura religiosa y los métodos habituales de
anticoncepción de la época poco fiables, daban como resultado lo que ha
supuesto el baby boom de los años 70-80, con un aumento de población dado el
incremento de las familias numerosas.
En estas familias, las mamas
entraban en una necesidad de optimización de recursos personales y materiales
que aumentaba el “ingenio” propio de estas supermamás, convertido en esa varita
mágica que tenían siempre para dar solución a todo lo cotidiano. No había
momento para lamentos, todo disgusto o frustración iba a un pozo sin fondo que
tenían muy bien custodiado en algún escondido lugar. Y a otra cosa que no hay
tiempo.
¡Pedrito, digo no, Juanito,
¡Elena…, coñe!, Carlos!, y al final se atina.
Todo con su justo valor, no hay
tiempo para esto no me gusta, no quiero, no vale, no me vale…veinticuatro horas
ininterrumpidas poniendo tiritas y empujando a la vida. Lo que se rompe se arregla, lo que sobra se le da otro uso, todo se aprovecha y no se tira nada para equilibrar la economía familiar. Los hermanos pequeños son los que más heredan y milagrosamente la ropa pasa de una generación a otra solo con algún parche o remiendo. En la cocina todo se hacía más grande, pues lejos de deshacerse de las sobras, si es que había sobras, estas llenaban el puchero o las croquetas del día siguiente. Hasta jabón se hacía con las sobras del aceite, y por cierto menudo jabón, ahora solo lo encuentras como un producto de lujo por su neutralidad.
Cocinera, camarera, chef, limpiadora, reportera, pediatra, enfermera, profesora, auxiliadora,
cuidadora, psicóloga, modista, costurera, pedagoga, asesora,
defensora, protectora, reponedora en la nevera/despensa, economista, peluquera,
actriz, escritora, interventora, legisladora, narradora, e incluso fontanera, electricista y en general reparadora. Todos estos títulos ganados
a pulso en la vida, y con la mejor de las recompensas, el amor de los hijos.
Las más comunes herramientas de
trabajo de este magnífico ser fueron, la mejor de sus sonrisas, las tiritas mágicas y
la zapatilla de doble uso. Labor maternal inigualable de saber poner los límites con la inconfundible
dulzura del amor maternal.
No creamos que estas mujeres
han quedado en el anonimato en la historia. Nada más lejos de la realidad, toda
su dedicación, educación, amor, valor, sabiduría, y todas sus aportaciones han quedado inmersas en sus hijos, de tal
forma que seguirán vivas año tras año en la vida de todos sus descendientes y, es
seguro que ha quedado reflejada en la historia de tantos y tantos personajes
que sí, muchos de ellos si han llegado a rellenar los libros de historia de los
últimos años, aunque esto no sea lo más importante.
El valor incalculable de esta
trasmisión de sabiduría, como lo es esa receta familiar inigualable que se
trasmite de generación en generación, es a ciencia cierta un valor seguro para
la vida de los que hemos tenido la suerte de tener este tipo de madre y haber
recibido las mejores dosis de su buen hacer y sabiduria.
sábado, 3 de junio de 2017
SOLTANDO AMARRAS
Una Historia de vida muy especial
Estoy aquí tumbada en la cama, toca esperar. Ya no siento dolor, solo molestia y una sensación muy rara por la medicación tan fuerte que me impide moverme. Pensé todos estos días de hospital que podría salir de esta, pero no, esta vez no voy a poder. Aunque todavía no me lo quiero creer, esto se acaba. No sé cuánto me queda, quizás horas, días, pero es el final.
Parece que se hubiera parado
el tiempo, pero la que se ha parado soy yo. Van pasando por esta habitación mis
hijos, mis nietos, mis hermanos, van y vienen, y yo, yo sigo aquí parada, ya
sin poder hablar, ni reír ni llorar, ni tan siquiera enfadarme puedo. Estoy
acompañada, pero ya es como si estuvieran muy lejos, ahora estoy yo sola conmigo
misma.
Toca hacer balance de la vida,
pero me resisto a pensar en ello. Ha sido una buena vida, pero si me resisto es
por no dejar ahora a mi hijo mayor y mis nietos que todavía me necesitan.
Me recuerdo de niña rodeada siempre de
mis hermanos, ayudando en los campos de olivos, ayudando en la huerta o en casa. Siempre
había algo que hacer. No teníamos casi de nada, pero no nos faltó nunca que
llevarnos a la boca.
Mi madre pronto quedo sola a
cargo de los seis hijos y enseguida todos supimos que teníamos que arrimar el
hombro para ayudar en casa.
Son buenos recuerdos, vida
tranquila de pueblo, dura, pero sin sobresaltos. Siempre ayudando en la casa,
con mis hermanos.
Como la aguja no se me daba
nada mal mi madre decidió que yo me dedicaría a coser y me mando estudiar corte
y confección. Ay madre! , todo lo que llegue a coser para aprender. Era un buen
oficio para una chica de pueblo por aquel entonces.
Este fue mi billete para salir
del pueblo a la capital. Enseguida me coloco mi madre en una buena casa de la ciudad. Solo
tenía que coser, coser y coser, los uniformes de los niños, los botones, las
camisas, los dobladillos, etc. No era como ahora que todo se compra, y cuando te cansas te
compras otra cosa. Antes todo se remendaba y se arreglaba y duraba mucho
tiempo, se ajustaba la ropa para que se pudiera heredar por los hermanos, y las
telas se reutilizaban de unas prendas a otras. Tenía que coser y planchar, y la
plancha me daba casi más trabajo, horas y horas hasta que esas telas indomables
quedaban bien lisas.
En mis tardes libres cosía en
otras dos casas y me sacaba un dinerito extra. Así conocí a mi primer marido,
pasando por su restaurante los martes y los jueves. Desde que vine a la capital
había tenido algún que otro pretendiente, pero nada serio.
Debí enamorarme enseguida. Él
era viudo y tenía una niña chica. No sé de quién me enamore antes de él o de su
niña.
Sus hermanas me enseñaron a cocinar y me di cuenta de que lo de la costura no era lo mío. En la cocina me sentía muy bien, tenía buena mano, y desde entonces no he parado de disfrutar entre fogones.
Sus hermanas me enseñaron a cocinar y me di cuenta de que lo de la costura no era lo mío. En la cocina me sentía muy bien, tenía buena mano, y desde entonces no he parado de disfrutar entre fogones.
Y entre los fogones llego mi
primer hijo y con el mi amor infinito. Madre lo que se quiere un hijo, y eso
que yo ya me sentía madre de una niña. Fueron años buenos, de mucho, mucho
trabajo. Los niños, el mercado, la cocina, el mercado y la cocina. Pasaron 6
años hasta que me volví a quedar encinta, y de nuevo mis tareas se acumulaban,
desde la madrugada hasta el anochecer sin parar.
La guerra que me dio el
pequeño con las comidas. El esta ahora aquí conmigo en esta habitación, cuidándome,
esperando conmigo el momento. Siempre ha comido poco. Ahora parece que está
hablando con la enfermera que ha venido a ponerme otra inyección.
No teníamos grandes tesoros y
a veces las cosas venían flojas y nos apretábamos un poquito o un mucho, pero
vivíamos en paz, sin grandes preocupaciones.
Un día, sin avisar llego la guadaña
y así, sin más, se llevó a mi marido. El era muy fuerte y siempre trabajaba sin
queja alguna, pero algo por dentro no le debía funcionar bien y le quito la
vida de un soplo. Mi mundo se vino abajo.
Apenas me quedó aliento con
tanta pena, pero tenía que sacar adelante a mis tres hijos, y tenía un negocio
y ahora estaba sola.
En aquel momento de duelo, cuando intentaba organizar mi nueva vida, la familia materna de mi hija, de la hija de mi marido, no me ayudo, solo buscaban sacar provecho de mi desgracia. Todo paso muy deprisa y todavía no me lo explico, pero esta familia se llevó a mi hija, sin escucharme a mí y sin escucharla a ella. Se la llevaron para siempre. Y otra vez ese vacío, la rabia y la pena se instalaron en mis entrañas.
En aquel momento de duelo, cuando intentaba organizar mi nueva vida, la familia materna de mi hija, de la hija de mi marido, no me ayudo, solo buscaban sacar provecho de mi desgracia. Todo paso muy deprisa y todavía no me lo explico, pero esta familia se llevó a mi hija, sin escucharme a mí y sin escucharla a ella. Se la llevaron para siempre. Y otra vez ese vacío, la rabia y la pena se instalaron en mis entrañas.
Sola con mis dos niños y un
negocio por llevar. No tenía tiempo ni podía malgastar fuerzas para las
lágrimas. Tenía que trabajar y seguir adelante con la vida y la vida de mis
hijos.
Que lejano me queda ahora esos
tiempos. Estoy oyendo que llega ahora mi hijo mayor a la habitación, andan turnándose
para no dejarme sola. Este hijo mío no lo ha tenido fácil en la vida, y madre mia, lo
que me pesa ahora dejarle a él y mis nietos, es lo que más me agarra a la vida.
En aquellos tiempos, cuando la
incansable tarea no me dejaba pensar en lo sola que me había quedado, apareció él.
Parece que siempre me estuvo rondando desde que llegue a la capital hasta que
me case. Apenas me acordaba de él, pero ahora venía casi a diario al
restaurante a tomar algo. Decía que mi comida era la mejor, mis tortillas, mis cocidos, mis caldos. Yo todavía era
joven, pero en ese tiempo nunca se me paso por la cabeza por ser viuda y con
dos hijos que podría rehacer mi vida con otro hombre, yo solo pensaba en mis
obligaciones para seguir adelante.
Y pasó, la vida me regalo otra
oportunidad de ser feliz con una persona que no había dejado de amarme desde
que me vio por primera vez. Ahora era yo la que se había quedado sorprendida.
Esto no lo hubiera esperado y así me deje querer.
Él lo dejo todo en su vida
para acoplarse a la mía, para ayudarme con el negocio, para ser el padre de mis
hijos y para ser mi marido. Y así mi vida volvió a florecer, aunque yo tenía mi
pena por mi niña escondida en mi corazón sin que pudiera hacer nada. Muchos
años más tuvieron que pasar y algún encuentro en la vida, para desvanecer esa
pena.
Pasamos una temporada muy
buena y mis hijos crecían sin pausa alguna. Con los años, algo no debía
funcionar bien con mi vista porque fui perdiéndola. Esto me hizo frenar en la
cocina y poco a poco el restaurante se iba apagando. No sé si era hora de
descansar, pero dejamos de trabajar y, uff, así los días sin llevar el negocio se
hacían muy largos sin tener que ir al mercado, hacer las comidas, preparar las
mesas. Además, mis hijos eran mayores y apenas daban tarea.
Los chicos se casaron y fue
muy bonito, los dos en el mismo año. Todo fue perfecto, pero esto también fue muy
duro para mí. En casa quedo un vació muy grande. Yo andaba cada vez peor con la
vista hasta que me operaron y algo mejor quede, pero un ojo quedo perdido.
Llegue
hacerme cargo de mi cocina otra vez algún tiempo, pero ya no podía, era demasiado para mí, esa parte
de mi vida había terminado.
Por aquel entonces nos fuimos
al pueblo. La vida era más fácil allí y más cómoda para nosotros.
Estoy escuchando que ha
llegado mi nieto a verme, el mayor. Madre mía, a este casi le he criado yo. Y
ahora el pobre que trabaja tanto, también entre fogones, tiene que estar aquí
viendo cómo me apago. Lo movido que ha sido siempre, y lo bien que lo llevaba
el abuelo a todas partes. Muchos veranos pasamos en el pueblo, disfrutando cada
minuto de cuidar de este pequeñajo.
Luego llegaron más nietos,
otro varón de mi segundo hijo y después las dos niñas, una de cada uno. Que
alegría nos daba saber que venían para el pueblo, aunque solo fuera para pasar
un día. Nos pasábamos días preparando la casa, las habitaciones, las comidas,
todo para aprovechar cada momento de su visita. Que nos llamaban, pues ahí
estábamos en la ciudad para lo que fuera y si no nos llamaban pues también, que
cualquier excusa era buena para estar con ellos.
Y luego mi guía, mi lazarillo,
mi sostén durante esos años, se enfermó de lo peor. Empezó su lucha por sobrevivir
siendo su único afán que no me quedara sola otra vez. Íbamos y veníamos de
médico en médico y de tratamiento en tratamiento. Lo aguantó todo sin queja
alguna y madre mía lo que paso. Se fue apagando, desconsolado de abandonarme, y
se fue. Otra vez me quede sola.
Pase meses en el pueblo, luego
en la ciudad, otra vez en el pueblo. No me encontraba bien en ningún sitio.
Tarde tiempo en encontrarme bien, y al final me quede en el pueblo. Allí tenía
mis amigas y me aseguraba la tertulia diaria en el descansillo de los
soportales. Horas y horas que pasábamos de charleta en la fresca.
Mis nietos me daban la vida, y
aunque cuando estaban conmigo terminaba agotada no me importaba, era más duro
el vacío que dejaban en casa cuando se iban.
No sé cómo me deje liar, pero
un día me sacaron en la televisión. Todo estaba preparado, yo entre mis fogones
rememorando mis tiempos de cocinera y preparando uno de mis mejores guisos. Mis nietos me lo ponían en la televisión y yo lo que veía era los muchos años que habían pasado.
Yo creo que fue por aquel
entonces cuando llego la quinta de mis nietas, la tercera del pequeño. Con esta
gran alegría la vida también nos trajo una pena, una pena muy gorda, la
enfermedad de mi nuera, la del mayor, la misma terrible enfermedad que se llevó
a mi segundo marido.
Me trasladé a cuidar de mi
nuera, de mi hijo y mis dos nietos y, ya no me fui de su lado. Pobres lo
difícil que fue para ellos, tan chicos, perder a su madre. Mi hijo se vino
abajo. La vida me ponía en el camino una nueva tarea, ayudar a esta familia huérfana
de madre y hundida en la pena para salir adelante.
Ya me pesaban los años y los
dolores, pero esto no me frenaba y estaba enfrascada en mi nuevo objetivo en la
vida, seguir luchando por mi familia. No era tarea fácil porque yo no entendía las
novedades de mis nietos, las salidas por las noches, los móviles que no
soltaban de la mano, los novios, bueno todas esas cosas eran muy diferentes
cuando yo era joven.
Y llego de nuevo la enfermedad
dichosa, esta vez me llego a mí, pero no pudo conmigo, y menos con lo que tenía
por delante. Me hicieron perrerías, me inyectaban medicamentos, me ingresaban,
me dejaron sin pelo y sin energía, pero lo supere. Yo seguía luchando, mis
nietos eran muy jóvenes y mi hijo seguía necesitándome. Bueno tengo que
reconocer que yo ya había empezado a necesitar también de mis hijos. Empezaba a
tener dolores, dormía mal, estaba cansada, pero parece que la enfermedad estaba
controlada, y así, la vida me regalo algunos años.
Al paliar la enfermedad por
todas partes, la misma se hizo fuerte y me salió en la pierna y, dichosa la mala
la hora en que me la trataron, de ahí ya no pude levantar cabeza. Sin apenas
visión, sordita y con dificultades para moverme, había estado llevando mi casa
y atendiendo a mi hijo y mis nietos, pero ahora, la pierna me había hecho
frenar en seco y la cosa cada día iba a peor.
Empezaron los tratamientos y
los ingresos, pero a pesar de lo que nos decían que no yo saldría para adelante,
pues ahí seguía, pero la verdad sin apenas mejoría y muy cansada, y cada día
más dependiente.
No quería venir aquí, a este
hospital donde murió mi cuñado, un hospital al que se viene a morir. No quería
venir porque dudaba si esta vez tendría fuerzas para salir. Ahora ya sé que no
voy a salir, me ha costado mucho darme cuenta. Ya no puedo luchar más. Es hora de repasar mi vida, una larga vida
con alegrías y tristezas, una larga vida de trabajo y también de mucho amor. Me
llevo lo mejor, todo el amor que he sentido y siento. He querido mucho a mis
maridos, a los dos les he venerado y les he amado. He perdido la cabeza de amor
por mis hijos y también por mis nietos, por mis niños. Lo duro que va ser dejar
de cuidarles.
He querido mucho a mi familia, mis padres, mis hermanos, mis
sobrinos, también a mis nueras. Les quiero tanto que no quiero dejarlos y sigo
aquí agarrada a la vida, pero es hora de soltar amarras. Seguiré con ellos, eso
seguro, todavía no me conocen allí donde voy ahora. Yo tengo que seguir velando
por los míos y, así lo haré.
domingo, 9 de abril de 2017
Maltrato emocional devastador en los hijos
En las separaciones difíciles donde los litigios en
los tribunales son una constante en una pareja que parece que no puede romper
sus vínculos, son los hijos si los hay, las víctimas de estas interminables
peleas. En ocasiones llegando a lo que se considera un tipo de maltrato para
los hijos.
El Síndrome de Alienación Parental, SAP, designación
del psiquiatra Richard A. Gardner en 1985, sucede cuando un progenitor (generalmente
el que tiene la custodia) manipula o intenta manipular los sentimientos de los
hijos para ponerlos en contra del otro progenitor. Este Síndrome no deja de ser
un modo de maltrato infantil que provoca un trauma e impide llevar una vida
normal, tanto al niño como al progenitor alienado.
Aunque a veces no se da como tal el SAP en la
separación o divorcio, otros síntomas nos alertan de la posible situación de
riesgo para los menores, como por ejemplo el conflicto de lealtades de los
menores, dificultades en la relación con alguno de los padres, disparidad en
los criterios educativos de los padres, etc. Todos estos indicadores sin llegar
a ser un SAP, son ya muy negativos para el adecuado desarrollo de los hijos.
Los efectos del SAP y de otras situaciones similares
en menores son siempre negativos para su desarrollo y bienestar. Las
consecuencias pueden ser reacciones de ansiedad, crisis de angustia y miedo a
la separación; podemos incluir también algunas alteraciones a nivel fisiológico
en los patrones de alimentación y sueño, conductas regresivas, y de control de
esfínteres. La sintomatología que podemos observar en estos menores se asemeja
con la que se describe como consecuencia de las diferentes situaciones que
atraviesan los menores que sufren maltrato emocional.
Los trastornos de ansiedad en estos menores son
frecuentes en el momento de las visitas con un fuerte estrés, es frecuente la
respiración acelerada, enrojecimiento de la piel, sudoración, elevación del
tono de voz, temblores, llegando a un crisis emocional de tal envergadura que
el menor no puede llegar a estar delante del progenitor rechazado con serenidad
y normalidad.
Derivado de estos trastornos de ansiedad, se dan
trastornos en el sueño y en la alimentación: estos menores a menudo manifiestan
que sufren pesadillas, así como problemas para conciliar o mantener el sueño.
Por otro lado, pueden sufren trastornos alimenticios derivados de la situación
que viven y no saben afrontar, ingiriendo alimentos compulsivamente o no
alimentándose.
Todos estos síntomas con frecuencia suelen ser utilizados
por el progenitor alienador para cargar contra el otro, haciendo ver que estos
síntomas son debidos al sufrimiento del menor por no querer ver al progenitor
rechazado, por el daño que este les ha producido.
Los trastornos de conducta más frecuentes son:
conductas agresivas, problemas de control de impulsos, conductas de evitación
de las visitas del progenitor, uso de lenguaje y expresiones de adultos,
dependencia emocional, dificultades en la expresión y comprensión de las
emociones.
Si tras la detención de un SAP, el padre alienador no
llega a tomar conciencia del problema y de las dificultades que el mismo está
produciendo en su hijo, con frecuencia es inevitable un cambio en la custodia,
acompañado de un tratamiento para los hijos y si es posible para los
progenitores. El primero objetivo es
restaurar la relación del menor con el padre alienado y para ello contar con el
padre alienador es una garantía de un buen pronóstico. El niño necesita no
tener que elegir a sus padres y tener el permiso de ambos para querer y
disfrutar con ambos.
sábado, 25 de marzo de 2017
DAR LA VUELTA A LA TORTILLA
EL DESEMPEÑO FAMILIAR DE UNA APAÑADA COCINA
...Hoy he decidido darle la vuelta a la
tortilla y cambiar toda mi rutina en la cocina. Me doy cuenta que la cocina se
ha convertido en algo que arrastro como una carga y que apaño día tras día con
el mayor desinterés…
Esta mama, por la falta de tiempo (dado
su trabajo fuera y dentro de casa), invertía el mínimo tiempo en la cocina
desarrollando su ingenio para realizar distintos platos a la vez, usando pocos
cacharros y gastando en todo el proceso el mínimo tiempo.
...Hoy
es lunes y los lunes son un día duro para todos, tengo que hacer una cena
ligera y agradable para los niños. No estamos para lidiar con “esto no me gusta,
esto tampoco”. Hace calor y está de tormenta, los niños no pueden jugar en el jardín
y ya están dando la lata, habrá que entretenerles de alguna forma…
Sacó todos los ingredientes para hacer
las albóndigas y preparó la carne a la que añadió además de un par de huevos,
sal, ajo y perejil y un poco de pan rallado, un poquito de orégano y, nuez
moscada pensando en su estómago que andaba dándole un poco de guerra
últimamente.
Preparo también a sus dos hijos pequeños
con un mandil y una buena lavada de manos. Cada uno estaba preparado para
realizar a modo de manualidades esas albóndigas que tendrían las formas más
variadas que de costumbre. Daba gusto ver como se animaban uno a otro.
La hermana mayor, hasta ahora sin querer
participar en la tarea pues estaba entretenida con sus pegatinas, pero sintió
mucha curiosidad por aquello que estaba gustando a sus hermanos. Al observar la
escena y no verse en ella, pensó que no podía perderse participar de aquello.
Decidió desempeñar un papel en esta actividad que le diera el estatus de
hermana mayor que le correspondía, y ella misma propuso a su madre que debía
recoger a modo de reportaje o recetario aquella comida que iba a preparar con sus
hermanos, idea que a su mamá le pareció de lo mejor y enseguida le ofreció papel
y lápiz. Sobre la marcha, pensaron en recoger estas recetas en un cuaderno
especial en el que además de la receta pondrían fotos e ilustraciones. De todo
ello se encargaría la hermana mayor que empezó enseguida a escribir preguntando
a su mamá y a sus hermanos por aquello que estaban realizando.
Mientras los niños estaban entretenidos
haciendo las distintas formas y la hermana mayor les entrevistaba sobre lo que
ya habían hecho, nuestra amiga pelo unos tomates, un par de zanahorias, media cebolla
y unos dientes de ajo y lo puso a freír con un generoso chorro de buen aceite.
Le añadió sal y una cucharadita de azúcar para paliar la acidez del tomate. Mientras
se va haciendo la salsa, empezó a freír las albóndigas teniendo especial
cuidado para mantener algunas formas que de forma inevitable se ven un poco
deformadas al pasarlas por la sartén. Una vez fritas y colocadas en una buena
cazuela, le añadió la salsa de tomate después de batirla un par de minutos para
evitar grumos y tropezones, ya se sabe que con los niños esto es lo mejor.
Los niños muy contentos con su nueva tarea
en la cocina estaban expectantes con los resultados de su trabajo. Nuestra
amiga añadió un par de vasos de agua a las albóndigas y las puso a fuego lento
para que terminaran de hacerse. El padre llego en ese momento y se metió
enseguida en la faena haciendo un arroz blanco. Lo sofrió primero un poquito para
facilitar después la tarea de hacer los flanes. Los niños estaban ayudando a
recoger. La hermana mayor quiso hacer alguna foto de la tarea antes de que se quitarán
el mandil y se lavarán las manos.
Los padres empezaron hacer los pasteles
de arroz usando un vaso pequeño como molde, los niños se pusieron a elegir los
platos y preparar el escenario de la foto final de sus peculiares albóndigas
que seguían haciéndose con su salsa de tomate muy lentamente y a la que, la mamá
había incorporado algún chorrito de agua y unos buenos meneos. Escogieron los
platos blancos para que se distinguieran bien las distintas formas de las
albóndigas. Colocaron un par de flanes de arroz en cada plato y después previa
selección de los más pequeños fue colocando las albóndigas con su salsa que a
su vez adornaba los pasteles de arroz. Los platos estaban preciosos y los niños
se esmeraron en poner la mesa para que pudiera su hermana hacer varias fotos
con las que ilustraría todo lo que había escrito.
Se había pasado la tarde volando, y hoy más
que ningún día estaban todos deseando que llegara la hora de la cena. En ese
momento llamo a la abuela a la que la hermana mayor le relato la tarde que
habían pasado y lo emocionados que estaban hoy con la cena.
La cena ya no podía esperar, todo estaba
preparado.
Esta noche los niños tardaron mucho
menos de lo habitual en ponerse el pijama para la cena, que disfrutaron en
familia como la mamá había previsto, una cena del duro lunes, ligera y
agradable, que los niños devoraron sin poner ninguna objeción, al contrario
señalando lo bien que les había salido y lo rica que estaban aquellas
albondigas.
…Esto
ha resultado mejor de lo que esperaba y vamos a tener que repetir esto incluso participando
todos en la planificación e incluso en la compra de los ingredientes para
cocinar…
Esa misma noche el papá se había sentido
un poco celoso por no haber podido participar desde el principio de aquello y el
mismo propuso repetir esto para realizar unas galletas que le salían muy bien a
la abuela y que recordaba que más de una vez había hecho con ella cuando era
pequeño. Una vez hechas podrían invitar a unos amigos para merendar.
De esa forma el sábado siguiente
hicieron las galletas de la abuela con la peculiaridad de usar para realizar
las formas, no solo un vaso de agua como hace la abuela para que le salgan las
típicas galletas redondas, sino todos los moldes que tienen de un completo
juego de modelaje de plastilina, por lo que salieron galletas con forma de
estrella, de flor, de corazón, de delfín, de cerdito, de elefante y muchas
otras formas.
Cocinaron también huevos rellenos de
atún, canelones, paella, tortillas, croquetas (muy peculiares con formas redondas
y también cilíndricas), boquerones… y todo tipo de platos que, aunque tuvieran
poca elaboración, todos acompañaban en el protocolo de elegir el plato,
diseñarlo, planificar su compra y su realización y finalmente su degustación,
todo ello bien recogido en el libro de recetas familiar que la hermana mayor
iba rellenando.
…Creo
que he conseguido darle la vuelta a la tortilla de forma exitosa y todos estamos
disfrutando de muy buenos momentos en la cocina. Me gusta ver a los niños divirtiéndose
y aprendiendo con nosotros, y me encanta que se lo cuenten a los demás, como
toda una hazaña y, aunque no nos haya salido muy rica la comida final, ellos la
degustan como si fueran los mas ricos manjares. Da gusto haber dado la vuelta a
la tortilla………..
lunes, 20 de marzo de 2017
LA PRIMAVERA LA SANGRE ALTERA...
LA PRIMAVERA Y EL ESTADO DE ANIMO
Llega la primavera dejando a un lado el frio del invierno con su agradable temperatura, los campos lucen una amplia gama de colores, las plantas empiezan a brotar y toda la naturaleza renace y florece llenando el ambiente de nuevos aromas.
Oficialmente
la primavera comienza el 21 de marzo, momento preciso en que se
produce el equinoccio primaveral cuando el día iguala a la noche.
En esta época
del año no solo aumenta la temperatura, también lo hace la luz ambiental. Los
días se hacen cada vez más largos, se producen cambios en los niveles de
humedad, se dan modificaciones en la presión atmosférica y en las condiciones
climáticas.
Las
investigaciones nos muestran como todos estos cambios que trae la primavera en
los humanos favorecen la secreción de hormonas relacionadas con la atracción
sexual y que influyen positivamente en el estado de ánimo; estas son las feromonas
(hormonas de la atracción), la oxitócina (hormona del amor), la dopamina
(hormona del placer y la motivación), la serotonina (estado de ánimo) y la noradrenalina
(calma la ansiedad).
Por otro lado,
esta estación de cambio y despertar de la vida invita a salir y pasar más
tiempo fuera de casa. Nos anima a disfrutar del aire libre y de la naturaleza. El
aumento de luz y su amplitud a lo largo del día se relaciona con la melatonina
lo que produce que necesitemos menos horas de sueño al día para sentirnos
descansados y hace que nos sintamos con mayor energía y con más ánimo para
hacer más cosas. Todo esto produce también cambios en nuestro metabolismo, y
así al estar activos más tiempo nuestro cuerpo necesita comidas más ligeras que
nos permitan mantener el ritmo que exigen nuestras actividades, y a la vez, un
número mayor de comidas que nos permitan compensar el mayor gasto de
energía.
En esta época
tenemos una mayor apertura a la comunicación, al amor y a la sexualidad. Como
hemos visto somos más activos y nos sentimos con más energías, más positivos,
más contentos.
Aunque generalmente
la primavera se relaciona con esta imagen positiva de la vida, del crecimiento
y de la felicidad, no a todos nos afecta de igual modo. Con la primavera llegan
estos cambios emocionales positivos casi de
euforia, pero también puede darse los cambios de forma negativa, lo que ha
llegado a llamarse astenia primaveral.
Esta se produce cuando se genera el efecto rebote tras el exceso de energía y
se caracteriza por el cansancio o incapacidad para concentrarse ente las tareas
diarias, provocando tristeza, fatiga e insomnio.
La astenia es
generalmente transitoria y tiene que ver con la dificultad para adaptarse a los
cambios que trae la primavera. Según algunos estudios una de cada 10 personas sufre
en mayor o menor grado la astenia primaveral y se presenta más en mujeres entre
los 20 y 50 años.
Para adaptarnos
a la llegada de la primavera es recomendable seguir una buena rutina de sueño
con una duración entre 7 y 8 horas al día, tener una dieta sana y equilibrada
pobre en azucares y alimentos difíciles de digerir, debemos hidratarnos
frecuentemente bebiendo abundante agua, y debemos realizar ejercicio físico
regular al aire libre aprovechando el buen tiempo. Es recomendable también
aprovechar el aumento de energía para dedicarnos más tiempo a nosotros mismos y
a los nuestros. Por último es bueno saber aprovechar todos los cambios a mejor,
sin olvidar dosificarlos poco a poco para mejorar nuestra adaptación a los
mismos.
domingo, 5 de marzo de 2017
PROTECCIÓN DE LA INFANCIA
PROTECCIÓN DE LA INFANCIA
En los últimos
años las transformaciones sociales y culturales vividas en nuestra sociedad,
han provocado un profundo cambio en el estatus y en la consideración social y
jurídica de los menores. Al amparo del Derecho y en correspondencia con
aportaciones de disciplinas como la Psicología , Pedagogía, Trabajo Social,
Sociología, y la sensibilización de la población en general, la infancia ha dejado de ser considerado
un objeto de protección o en su caso de reforma, sobre el que sus padres
ejercían un dominio muy cercano a la propiedad, a ser sujeto de derechos con
plena titularidad de los mismos y con una capacidad progresiva para ejercerlos.
En este sentido,
la promulgación, en el siglo XIX de las primeras leyes de protección a la
infancia, la creación de UNICEF o la declaración, en 1979, del Año
Internacional del Niño, supusieron hitos históricos. Más recientemente, la
declaración de 1997, como Año Internacional de la Salud Mental
Infanto-juvenil ha sido otro hito que consolida la importancia de considerar la
adecuada asistencia a los aspectos psicológicos y psicopatológicos de los
menores.
Esto ha supuesto
que se abandone la tradicional concepción de que la atención de las necesidades
de los menores reside exclusivamente en los titulares de la patria potestad,
para entender que los menores, por ser sujetos de derecho, requieren, además,
una especial protección por parte de los poderes públicos.
Los poderes
públicos han creado recursos de apoyo a las familias, llegando incluso a
sustituirlas en su función cuando no pueden o no son capaces de cubrir las
necesidades de los menores ni de procurarles un desarrollo integral. Así, las
funciones que desde los Servicios Sociales Municipales se vienen ejerciendo en
el ámbito de la acción protectora de menores en situación de riesgo o
desamparo, responden a las competencias asignadas a la Administración Local
conforme al marco legislativo estatal.
En relación al riesgo
social, la Ley de
Protección Jurídica del Menor aporta, como así se expresa en su exposición de
motivos, la novedad de distinguir por primera vez en el ámbito legislativo las
situaciones de riesgo y las de desprotección. Se establece en esta Ley,
que la actuación de los poderes públicos deberá garantizar los derechos que le
asisten al menor, e ira encaminada a disminuir los factores de riesgo y
dificultad social que incidan en la situación personal y social en que se
encuentra, y a promover los factores de protección del menor y su familia.
La prevención de
los factores de riesgo y el apoyo social a la familia antes de que lleguen a
darse situaciones de desprotección infantil, debe inspirar prioritariamente los
programas que se desarrollen en las diferentes Instituciones con competencia en
la atención a la infancia y la familia.
De igual forma,
en la Ley de
Garantías de los Derechos de la
Infancia y la
Adolescencia de la Comunidad de Madrid, en su artículo 50, se
dispone que la protección de menores que se encuentran en situación de riesgo
social corresponde al sistema público de servicios sociales, para los cual
desde la red de Servicios Sociales de Atención Primaria se desarrollaran
actividades de prevención, atención y reinserción.
domingo, 26 de febrero de 2017
PAPEL DE LOS PADRES EN LA ESCUELA
EDUCACIÓN
FAMILIAR/EDUCACIÓN ESCOLAR
Partiendo de que ambas educaciones
deben ir de la mano y en la misma línea, es importante diferenciar en la
educación de nuestros hijos cual debe ser el rol paterno en la educación
escolar.
La mama contaba: mi hijo
mayor había empezado el colegio. Estábamos muy contentos pues le había tocado
una profesora joven con mucha ilusión y muy cariñosa y pensamos que para niños
tan pequeños esto era una doble ventaja. Mi hijo, aunque le costó los primeros
días adaptarse al colegio, iba feliz y hablaba con mucho cariño de su
profesora. La primera tutoría fue un descubrimiento. La profesora nos contó cómo
era mi hijo en la clase, resalto sus puntos fuertes y positivos y también no
hablo de algún aspecto a mejorar, para que desde casa hiciéramos también hincapié
en estos aspectos.
Nos sentimos muy a gusto en
la tutoría y entendimos que esta persona que llevaba casi una hora hablando de
nuestro hijo, no solo le conocía, sino que se pasaba casi más horas al día que
nosotros con nuestro hijo con el objeto de enseñarle y educarle. Además lo hacía
desde su saber como profesional de la educación y nos brindaba su apoyo en la
educación de nuestro hijo, lo que nosotros estamos haciendo según nuestras
propias experiencias y algún libro que hemos consultado.
De tal forma entendimos y
valoramos su labor que al final de la tutoría le manifestamos nuestra gratitud
por su labor. La respuesta de la profesora fue de sorpresa y perplejidad ante
esta respuesta de gratitud, pues nuestra tutoría había sido de las últimas y
era la primera vez que los padres agradecían su tarea. Las tutorías habían sido
en su mayoría una recogida de diferentes y variadas quejas de los padres, que
incluso en ocasiones le hacían responsable de las más absurdas cuestiones (mi
hijo ha perdido los guantes, ha venido con un arañazo, se ha roto su
portaminas, etc.)
Esta anécdota tan simbólica nos
muestra como en muchas ocasiones la educación escolar y la educación familiar
se encuentran en una competición sin sentido. Es justo, además lo que no
debería ser.
Para ir de la mano, ambas partes
deben conocer las dificultades actuales para la educación de los hijos tanto en
la escuela como en la familia, y reconocer el esfuerzo y la labor de la otra
parte para educar. El objetivo final de ambas partes es el mismo.
Esta forma de congeniar y de
participar en la educación por la escuela y las familias esta avalado por
diferentes estudios e investigaciones y existe una amplia evidencia empírica
que indica que la participación de las familias en la escuela, además de
constituir un derecho y un deber, aporta grandes beneficios, tanto a los
estudiantes como a la escuela y a los propios padres.
Nuestros hijos ponen en
práctica la educación recibida en su familia, en la escuela, con sus iguales y
con sus profesores. Por tanto la información que recibimos de nuestro hijo por
parte de la escuela es fundamental para no solo mantener el equilibrio en la
educación de nuestros hijos si no para reforzarla.
De igual forma la educación
que reciben en la escuela debe ser apoyada y reforzada en cas por parte de los
padres.
En ocasiones los niños cuando
se siente inseguros o cuando la escuela les pide un esfuerzo, pueden llegar a
buscar cierta rivalidad demandando a sus padres su alianza en contra del
colegio. A todos nos suenan las frases “mi profe me ha suspendido porque le
caigo mal, me castigo porque me tiene manía, etc.”. No podemos caer en dar la
razón a nuestros hijos en estas ocasiones. Por supuesto que hay escucharles y
hablar de ello, pues es algo que les preocupa. Pero aún en el caso incluso de
que en alguna ocasión los hijos puedan tener algo de razón, no debemos lidiar
con el papel de la escuela.
Los padres nunca deben rivalizar con la escuela que está
formando a sus hijos, debe fortalecer una buena relación de alianza.
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