sábado, 16 de julio de 2016

"Quererse a sí mismo"

 AUTOESTIMA

Este concepto tan de moda en el lenguaje cotidiano se refiere a la autopercepción que cada uno tiene de sí, al grado de autovaloración y satisfacción personal que hacemos de nosotros mismos. Es el motor de nuestro comportamiento y de nuestras emociones. 

La autoestima se aprende desde muy temprana edad y corresponde a los padres la trasmisión de la misma. Los niños aprenden a quererse a sí mismos en la medida que se sienten queridos y valorados por sus papas o figuras de referencia. Esta autoestima está en la base de los recursos personales que uno va poseer para manejarse tanto en el mundo adulto como en el mundo de los más pequeños, y está en la base de nuestras relaciones.

La mayoría de los padres, muchas veces sin ser conscientes de ello, enseñan a sus hijos a tener una valoración positiva de sí mismos, a quererse en sus virtudes y a esforzarse en sus defectos. El niño necesita el refuerzo constante y el elogio de sus correctas actitudes. Necesita ser animado y reconocido en sus logros más difíciles. El niño que constantemente busca complacer a los adultos sin éxito, que se siente en exceso criticado y para nada valorado, aprende a ser muy  exigente consigo mismo, a no encontrarse satisfecho con cada logro, a hacer una autocrítica constante de sus actitudes, y a no tener, en definitiva una autoestima saludable.

Además de animar y reforzar a nuestros hijos, podemos para fortalecer su autoestima, fomentar su confianza y fomentar el sentido del éxito. Para fomentar su confianza debemos marcarnos con ellos pequeños objetivos a alcanzar en cada aprendizaje, enseñar las habilidades necesarias para aumentar su nivel de independencia en cada edad (aprender a vestirse, a peinarse, atarse los zapatos...). Podemos, también, dar a nuestros hijos pequeñas responsabilidades cotidianas acordes con su edad y con ello conseguir que puedan saberse necesitados, puedan verse reconocidos y sean apreciados sus esfuerzos.

Para fomentar el sentido del éxito y teniendo en cuenta que la autoestima aumenta cuando un niño prueba algo nuevo y afronta un desafío con éxito, podemos ayudar a nuestros hijos a tener el valor de probar nuevas experiencias pero teniendo en cuenta que debemos prepararle y anticiparle con cada nueva experiencia, que debemos dejar practicar al niño en cada nueva habilidad, que debemos informar que el éxito llegara después de la práctica y sobre todo que debemos ser pacientes con sus logros.

Debemos trasmitir, también, a nuestros hijos que no todo se puede conseguir. Cada uno tiene unas capacidades en las que puede sobresalir y otras en las que necesitará más tiempo y más esfuerzo para poder realizarlas. Aunque hay que reforzar los esfuerzos, no debemos exigir “ser siempre el mejor”, “ser el más rápido”. Mejor que esto, debemos hacer que nuestros hijos se esfuercen en sus capacidades y se sientan satisfechos por ello. En aquellas capacidades que sabemos que no van a brillar, las metas a marcarnos serán menores, dado que las mismas deben ir en consonancia con los esfuerzos y no con los resultados.

Una buena autoestima nos da firmeza y seguridad en nosotros mismos. Esto es de vital importancia, no sólo para poder sentirse satisfecho con uno mismo, sino además para poder enfrentarnos a los problemas cotidianos que nos vamos a ir encontrando.

Tanto el exceso o el defecto de esta autoestima están en la base y son parte de la sintomatología de muchas patologías psicológicas y psiquiatras. Aunque se requiere una intervención global de toda la sintomatología, parte del proceso está en fortalecer o no la autoestima. Con el ajuste de la autoestima vamos a desencadenar la desaparición de otros síntomas y vamos a reforzar e incluso despertar nuestros recursos personales. Así, por ejemplo, muchos de los trastornos del estado de ánimo tienen disminuida la autoestima, lo que agrava el propio trastorno y disminuye, a su vez, un buen pronóstico.

Generalmente muchos tratamientos psicológicos con niños y adultos incluyen como uno de sus objetivos fortalecer o adecuar la autoestima. ¿Qué podemos hacer para aumentar nuestra autoestima? Hay distintas estrategias, como puede ser, cambiar algunos procesos del pensamiento, concederse el reconocimiento por los logros conseguidos, la autoafirmación, la autoevaluación positiva. Todas estas estrategias se ponen en marcha a través de diferentes ejercicios.

Si la autoestima esta elevada también existen algunas técnicas que pueden ayudarnos a disminuir la autoestima, ajustarla, aunque generalmente es difícil la autopercepción y el reconocimiento de exceso de la misma. Este sería el primer objetivo, que el que tiene desajustada la autoestima tome conciencia de ello.

Adquirir una buena autoestima, aprender a querernos, es vital para el desarrollo y garantiza la adquisición y fortalecimiento de otros recursos personales (como la confianza y seguridad en sí mismo, autosatisfacción, tolerancia a la frustración, etc.) que nos van acompañar en nuestra vida.

martes, 12 de julio de 2016

!! Viva los novios !!

CELEBRAMOS LA BODA


Cualquier celebración conlleva un incremento del nivel de estrés cotidiano y claramente no iba a ser menos la celebración de una boda, con todos los preparativos que ésta conlleva hoy en día. Por supuesto se trata, en la mayoría de los caso de una celebración voluntaria por ambas partes, aunque puedan aparecer en el transcurso de su preparación algunos cuestiones en las que los novios puedan llegar a sentirse de alguna manera como obligados.

Una pareja cuando decide casarse se introduce, con cariño y mucha ilusión, en una cascada de preparativos con los que en un principio más o menos contaba. La pareja debe tomar, generalmente, muchas decisiones conjuntas que van a ir determinando no solo la celebración de su boda, sino también su convivencia en el matrimonio. Me refiero, no solo a la elección del traje de novia o novio, la elección del lugar de celebración, el tipo de convite, las listas de los invitados, las tarjetas de invitación, etc, sino además a la elección del lugar donde pasar su luna de miel, el lugar de residencia, la decoración de la misma e incluso los regalos que los invitados les van hacer.

Esta situación de preparativos para la celebración de la boda conlleva un aumento en el estrés de cada miembro de la pareja. El estrés es una de las situaciones más habituales del hombre actual. En los países desarrollados, como el nuestro, padecen estrés más de la mitad de la población. Éste se define como una respuesta de nuestro organismo a un estado de elevada tensión que se prolonga en el tiempo. Las situaciones estresoras pueden ser acontecimientos físicos o ambientales, de carácter agradable o desagradable. Para llegar a ser estresores estas situaciones deben producir incertidumbre, un cambio, dudas por falta de información y una sobrecarga.

En una pareja joven que decide casarse y que habitualmente disfruta ya de un cierto grado estrés social, laboral y personal, se les sumara el nivel de estrés que este proceso de preparativos conlleva y en muchos casos este incremento, a pesar del empeño que ponen ambos miembros de la pareja, puede dificultar la llegada de los acuerdos entre las partes, en el sin fin de decisiones a tomar.

No debemos alarmarnos por este aumento de estrés durante los preparativos de la boda. En sí, la respuesta de ansiedad que conlleva es, en principio, una respuesta inteligente que da nuestro organismo. La ansiedad es una respuesta adaptativa a las demandas de la situación, que nos alerta y nos permite poder rendir al máximo y poner en juego toda nuestra capacidad. Un cierto nivel de ansiedad, por tanto es deseable cuando la situación lo requiere.

Este sobreesfuerzo que asumen las parejas con tanta ilusión y en principio armonía, a veces se complica cuando los acuerdos no llegan y aparece el conflicto. Éste, en la mayoría de los casos, se resuelve sin más, pero puede llegar a producir, también, un importante grado de ansiedad que se mantendrá durante un tiempo, dificultando a su vez la asunción de nuevos acuerdos en los preparativos.

La mayoría de las parejas disfrutan de todos los preparativos para su boda, a pesar de sentir en algunas ocasiones esa sobrecarga. Si un miembro de la pareja se siente especialmente preocupado o estresado por alguna cuestión u observa que el otro está preocupándose de manera excesiva por algo, es necesario que exista entre ellos una fluida comunicación desde el entendimiento, el apoyo y la ayuda, que garantice la satisfacción de cada uno y la disminución del estrés que se haya podido producir.

Cuando por fin llega la boda, con ella también los nervios de última hora; es el momento de delegar en los más cercanos los últimos preparativos y zambullirse en la tan deseada y cuidada celebración. A veces es necesario relajarnos a conciencia para poder disfrutar. Una vez en este punto solo nos queda saborear cada momento con nuestra pareja y todas las personas que con nosotros celebran nuestra unión. Además, sabemos que después de la ceremonia lo bueno continua con el viaje de bodas, y es que después de tantos preparativos, los recién casados bien se merecen un viaje de placer y descanso, con el deseo y el objeto de iniciar de la mejor manera posible su matrimonio. 

jueves, 7 de julio de 2016

¿Hacer o no deberes en verano?

DEBERES EN VERANO
      
La mayoría de los profesores y educadores recomiendan a los padres que, una vez terminado el colegio, sus hijos realicen algunas tareas o deberes durante el verano. Estas van a depender en cada caso de las necesidades que tenga cada alumno.

En los casos en que no se superan adecuadamente los objetivos de cada materia del curso escolar, estos deberes para el verano tienen por objetivo aumentar los conocimientos específicos en la materia que no se ha superado, para así comenzar el nuevo curso sin desventaja en la misma. La realización de éstos es más entendible y por ello se motiva fácilmente a los padres e hijos para el desempeño de los mismos.

Es diferente cuando los alumnos han superado, incluso notablemente las materias. En estos casos también suelen recomendarse la realización de tareas durante el verano. El objetivo entonces, no es tanto ampliar conocimientos como afianzarlos y mantenerlos. A pesar de ser un buen objetivo para realizarlos, tanto la motivación de los padres como la de los hijos para la realización de deberes de verano en estos casos suele ser menor.

Esta baja motivación, además, se ve ampliada por la presunción de “carga” que contienen estas tareas o deberes y disminuye así la probabilidad de que se realicen. Ahora bien si analizamos algunos aspectos a tener en cuenta, es seguro que podamos aumentar su propia motivación y con esta la de sus hijos para la realización de los deberes.

Primero es obvio que tres meses de vacaciones son un largo periodo de tiempo donde no solo se olvidan muchos objetivos alcanzados, sino que estas rutinas de trabajo que se han adquirido durante el curso se pierden. Estos objetivos alcanzados en el curso se volverán a superar rápidamente dado que no es necesario volver aprenderlos sino simplemente recordarlos, recuperar las rutinas requiere seguramente un mayor esfuerzo.

Por otro lado, los ejercicios y tareas aconsejadas para el verano cuando se han alcanzado los objetivos del curso, son de repaso y no requieren esfuerzo de aprendizaje nuevo. Esto quiere decir que nuestros hijos las realizan exitosamente con facilidad y se sientan por ello satisfechos. Además, es necesario para hacer estas tareas, si se realizan de manera constante, un tiempo mínimo diario (en torno a una hora). En algún caso el alumno deja para el final los deberes y se realizan con cierto pesar y agobio en los últimos días del verano. Para conseguir la constancia y evitar el trabajo en los últimos días, debe incluirse en la nueva rutina diaria del verano la realización de las tareas, para que así, también, nuestros hijos mantengan las rutinas de trabajo adquiridas durante el curso escolar.

Las editoriales escolares han sacado una gran gama de cuadernos y libros de deberes para el verano. Lo que para algunos puede valorarse como un negocio, aumentando así las resistencias a realizar los deberes, otros podemos valorarlo positivamente, como de gran ayuda para nuestros hijos. Generalmente los colegios recomiendan el libro de vacaciones de la misma editorial con la que se ha trabajado durante el curso y así no solo se repasan las materias ya aprendidas, sino que además las actividades y tareas son conocidas por los alumnos, incluso los personajes y la estructura de los temas.

Los padres, por lo general, disponemos de más tiempo durante el verano y podemos aprovechar para compartir con nuestros hijos este rato donde realizan sus deberes escolares, porque con ello se sentirán muy reforzados y motivados para su realización. Nuestro objetivo es intentar que en este rato de trabajo nuestros hijos se sientan bien, animados y apoyados y sea un ratito agradable.

Cierto es que el verano es para descansar del curso, para divertirse, para disfrutar del buen tiempo, pero no debemos olvidar que para nuestros hijos las vacaciones son muy largas y sin olvidarnos del ocio y el descanso, en las vacaciones este pequeño esfuerzo diario es seguro les compensará notablemente en el comienzo del próximo curso.

lunes, 4 de julio de 2016

Seguimos hablando de la separación...

LA SEPARACIÓN EN CADA MIEMBRO DE LA PAREJA



La separación o el divorcio se perciben como un factor traumático tanto para los cónyuges como para los hijos, pero aunque así sea no tiene porque ser disfuncional. La disolución de una relación de pareja significativa puede llegar a producir un trastorno emocional, angustia y sufrimiento. En algunas ocasiones, puede incluso ocasionar una depresión y/o enfermedades psicosomáticas.

La separación suele ser vista como un peligro de desintegración familiar y personal de pérdida, pero también puede llegar a ser una oportunidad para crecer si las partes llegan a conseguir resolver la crisis. En cualquier caso, conlleva ciertos malestares en cada miembro de la pareja.

La mayor parte de las personas que se separan o divorcian sufren sentimientos y/o estados depresivos, de ambivalencia, o cambios de humor. La recuperación de estos síntomas suele durar aproximadamente en torno a dos años, dependiendo del grado de conflictividad de la separación y la dificultad con que nos enfrentamos a la separación.

En las separaciones más difíciles las peleas y desacuerdos son una constante. En estas rupturas prima la necesidad de ganar y denigrar al otro. Se produce una constante búsqueda de culpables y cómplices. El contexto que suele rodear a este tipo de separaciones es judicial, dado que finalmente tiene que ser un tercero el que resuelva el total desacuerdo entre las partes.

Las separaciones más adecuadas, aunque requieren cierto esfuerzo, dado el dolor que producen las pérdidas, son al menos más aceptadas. Cada miembro de la pareja intenta llegar a un acuerdo. Es en estos casos es la mediación el contexto que rodea el proceso. Con ésta, las partes son participes de sus acuerdos y convenios y por ello el grado de satisfacción de las mismas se eleva y la realización de los acuerdos se lleva a cabo de mejor forma.

Las investigaciones nos muestran que las personas que se separan muestran un mayor estrés, sentimientos de soledad e incluso su función inmunológica se encuentra más empobrecida que las personas que tienen una pareja sin rupturas. La soledad emocional que presentan se debe a la pérdida de la figura del cónyuge, lo que supone la carencia de una relación afectiva significativa. Esta soledad emocional depende del grado de dependencia que el sujeto tenía de dicha relación. Tras la separación, cada miembro de la pareja necesita reconstruir el proyecto de vida que tenía.

Cuando una pareja se separa, cada uno de ellos construye una historia que justifica y refuerza su propia posición, una historia donde generalmente el otro es el culpable y las dos partes no se escuchan cada una en la historia de la otra. 

En relación a esto, es necesario que cada miembro supere la idea de culpable o responsable del fracaso de pareja que atribuye al otro. Uno de los objetivos de la mediación es manejar el conflicto entre los miembros de la pareja para que puedan superar el malestar y con ello puedan llegar a acuerdos. Desde una orientación constructivista, cada miembro de la pareja construye la realidad de lo sucedido, generalmente con miradas diferentes y con el proceso de la mediación se reconstruye una tercera historia donde las necesidades de ambas partes encuentran una satisfacción adecuada.

Otro aspecto importante que no podemos olvidar en el proceso de separación y que actúa sobre las emociones de las partes, son las redes sociales de apoyo que pueden ser modificadas. Aunque, tras la separación se conservan algunos amigos, otros finalmente se pierden y otros se incorporan, por lo tanto se hace necesaria una reorganización de las relaciones. Como para toda pérdida, cuanto más apoyo y acompañamiento sentimos que tenemos mejor podemos afrontar el proceso.

sábado, 25 de junio de 2016

Los hijos ante la noticia de separación....

                                    ¿CÓMO DECIMOS A NUESTROS HIJOS QUE NOS SEPARAMOS?

Se sabe que la mejor separación es la llevada entre las partes de mutuo acuerdo y por medio de una buena mediación. Aunque esto se sabe, en muchos casos parece inevitable que las partes, seguramente por el malestar y dolor que les produce el proceso de separación, se apremian en hacer numerosos los pleitos, denuncias y demás herramientas de una guerra judicial.

Si la pareja no tiene hijos puede separarse para siempre sin que nada les una en el futuro, salvo el recuerdo. Cuando se trata de una pareja con hijos, su función parental es algo que les mantendrá unidos.

El proceso de ruptura de una pareja no suele ser instantáneo. Es parte de un proceso de desavenencias, desacuerdos, desilusiones, etc, que van ocurriendo en el tiempo hasta que una de las partes o ambas deciden tomar la iniciativa de separarse. Cuando la pareja tiene hijos es más difícil en la mayoría de los casos tomar la decisión, y es que todos sabemos o al menos intuimos que para los niños esto de la separación va ser algo nada positivo.

Algunas parejas optan por ir a un profesional para intentar arreglar las cosas. Cuando hay interés y deseo por ambas partes, las cosas pueden llegar a funcionar. Si no fuera así, juntos van a tener que tomar la decisión de separarse y junto con el profesional van asesorarse durante el proceso para intentar que todo salga lo mejor posible.

 Y después de tomar tan difícil decisión y ponerla en marcha, después del trago que los papás están pasando en su vida, después hay que contárselo a los hijos. Estos y dependiendo de la edad, ya saben en la mayoría de los casos, ya se huelen que las cosas no marchan bien. El ambiente familiar es cuanto menos distinto. En algunos casos son los propios niños los que pueden preguntar a sus papas que es lo que está pasando. Por eso es mejor no dejarles fantasear y trasmitirles lo que pasa.

El mejor momento para contárselo a los niños es cuando se toma la decisión de separarse y esta es definitiva. Ni debe adelantarse la noticia, ni tampoco demorarse.  La mejor de las opciones es que ambos padres se lo digan juntos y con seguridad. De esta manera los niños perciben que es una decisión de ambos y definitiva. Cuando no sea posible dar la noticia conjuntamente será necesario que ambos trasmitan a sus hijos el mismo mensaje, y en momentos cercanos.

Sobre todo hay que transmitir seguridad, firmeza y cariño. El niño debe entender que sus papás se van a separan y eso va suponer algunos cambios a los que él se va tener que adaptar, al igual que sus padres. Es muy importante que les quede claro que el motivo de la separación está en sus papás y que son problemas que tienen los adultos y que en ningún caso ellos son causa de lo que pasa. Tienen que saber también que nada pueden hacer para que denuevo sus papás estén juntos.

 Nunca hay que comunicar la idea de que ellos pueden tomar la decisión: “¿que os parecería si papá y yo...?” Tampoco hay que decírselo transmitiendo malestar y angustia: “Tenemos que deciros algo terrible, muy doloroso...”. Es necesario prepararse para estar seguro de comunicar la noticia con naturalidad, seguridad y firmeza y para ello no titubear y sobre todo intentar evitar cualquier dramatismo en torno a esta noticia. Lo último es utilizar a nuestros hijos como pañuelo de nuestra situación.

Todo esto que parece tan sencillo en la práctica suele resultar difícil para una pareja en proceso de separación. Muchos optan por llevar a sus hijos a un psicólogo para que este pueda trasmitir a su hijo lo que esta pasando o para que apoye a sus hijos en el proceso. Esto es válido solo en algunos casos, ya que el niño siempre se va a sentir más seguro y natural con sus padres que ante un extraño. Si llevamos al hijo a un profesional ya estamos señalándole como que en él hay algún problema.

Hay que dar tiempo a los hijos para que vayan asimilando lo transmitido y hay que contestarles a todas las preguntas que les van a ir surgiendo. Muchas de sus preguntas van a ir en torno a posibles reconciliaciones y en este aspecto no debemos dejar ninguna duda. Es muy importante que los niños sepan que ellos no pueden hacer nada por cambiar la decisión que los padres han tomado porque ellos no son causa de la misma y deben sentir y saber que aunque sus papas se separan, ambas partes quieren seguir siendo su papa y su mama y que ambos van a seguir queriéndole de igual forma.   


miércoles, 22 de junio de 2016

La Separación

                   EFECTOS EMOCIONALES DE LA SEPARACIÓN EN LOS HIJOS

La separación o el divorcio representan un proceso doloroso para toda la familia. Para los hijos supone trasformar por completo su vida ya que pierden la rutina cotidiana con uno de sus padres, se altera su orden familiar y se sienten básicamente abandonados.

Aunque el sufrimiento que la separación de los padres genera en los hijos es inevitable, muchos de estos hijos se siguen desarrollando normalmente. Para ello es necesario, al menos, primero que la familia se mantenga lo suficientemente ligada como para que los hijos no pierdan el sentimiento de pertenencia y ser lo suficientemente flexible como para acomodarse a los cambios. En segundo lugar es importante que las fronteras del subsistema parental se conserven y que los padres sostengan su jerarquía para poder continuar cumpliendo funciones nutricias y normativas.

 Los hijos, tras la separación, deben construir y afianzar una nueva organización familiar viable, para evitar la vulnerabilidad al estrés que produce la ausencia de una estructura asequible. Para los niños, la separación es un hecho difícil de entender y que puede desencadenar distintas reacciones emocionales y/o afectivas, que van desde el miedo y la tristeza hasta la ansiedad o la depresión.

Es imprescindible que ambos padres expliquen a sus hijos su separación, sin embargo la mayoría de los niños no suelen saber el por qué de la separación de sus padres. Según algunos estudios sólo el cinco por ciento recibe una explicación que pueda ayudarles a entender lo que esta pasando.

Lo importante es que los niños interioricen que es posible que sus padres se separen sin que cambie por ello el amor que ambos sienten por ellos. Para entender la separación es favorable la edad de adolescencia, ya que con estas edades se puede entender mejor la situación por la que sus padres están pasando.

La expresión del duelo por la pérdida de la familia nuclear, que se rompe con la separación, dependerá en gran medida de la edad y madurez de los hijos. Así, lo menores de tres años pueden retroceder en pautas de conducta ya superadas, como hacerse pipi en la cama o pedir el chupete.  Además pueden fantasear con la desaparición de la madre o el padre. Los niños más mayores son más conscientes de su rabia y suelen reprochar a los padres por no haber intentado arreglar las cosas para no separarse. Las reacciones más intensas de protesta se suelen dar entre los siete y diez años, y se ven agravadas por la pérdida de la convivencia del progenitor del mismo sexo.

Los litigios o guerras interminables sobre la custodia de los hijos o los acuerdos del convenio regulador en relación a los hijos provocan efectos devastadores en los niños. Estoa pueden llegar a mentir, manipular información y aliarse con unos de los progenitores en el conflicto de lealtades que tanto malestar les suscita.

El conflicto de lealtades aparece cuando la separación es vivida como una guerra entre dos bandos en la que los hijos sienten que deben tomar partido. Este conflicto lleva un alto grado de malestar en los hijos, dado que si toman partido sienten que traicionan y pierden a una parte y si no toman partido se sienten aislados y desleales con la otra parte. Esta encrucijada para los hijos supone un maltrato emocional grave.

Es necesario por tanto evitar que los hijos se sientan atrapados en la relación conflictiva de sus padres. Si esto es así puede afectar negativamente a los hijos, y promueve mayor vulnerabilidad a presentar problemas de conducta como la agresividad, bajo rendimiento escolar, etc.

Otro efecto característico de los hijos tras la separación son sus deseos y expectativas de que sus papas puedan volver a vivir juntos y así un simple saludo cariñoso entre sus padres puede alentar esperanzas en esta unión. Además estos hijos tienden a tener un mayor temor al fracaso matrimonial y su transición a la madurez puede llegar a ser más difícil. Todos estos efectos deben ser explicados por ambos padres, y en muchos casos en que los hijos son conscientes de que sus padres no volverán a estar juntos, el deseo de volver a verles juntos es algo que es difícil de evitar.

La mejor opción para una buena separación es la mediación familiar, donde se evitan los conflictos en la separación gracias a los profesionales que están presentes en la misma y que velan siempre por el interés de los hijos.

sábado, 11 de junio de 2016

Preparandose para las vacaciones....

                                                                                EL ESTRÉS DEL VERANO



Con la llegada del verano se nos hacen imprescindibles las vacaciones y el tan deseado descanso. El buen tiempo y el calorcito acompaña a una menor y más tranquila actividad tanto física como mental. Durante el año, el trabajo y la falta de tiempo ha sido una constante para la mayoría.

¿Es posible que las vacaciones del verano puedan producir cierto estrés? Paradójicamente existen ciertos factores que favorecen cierta ansiedad, también fácilmente remediable.

Muchos coinciden en que los últimos días de trabajo suelen ser estresantes. Por un lado, estamos más cansados y la tarea se nos hace más cuesta arriba, y por otro lado, generalmente intentamos dejar terminadas las tareas y al surgir cualquier tema de última hora uno intenta resolverlo para no aparcarlo hasta después de las vacaciones, generando con ello mayor estres.

A estos últimos días de trabajo se le unen los preparativos de las vacaciones que provocan sin duda cierto estrés. Primero se ha de elegir el tipo de vacaciones (de aventura, playeras, vacaciones gastronómicas, culturales…), se decide también como realizar las mismas y con quien, se realizan compras de última hora, se prepara documentación necesaria para viajar (pasaporte, tarjetas sanitarias…), se sacan los billetes del trasporte, se hacen las reservas del alojamiento, se prepara la casa para dejarla cerrada, y así un número importante de tareas que deben quedar hechas antes de salir. Sin duda, una buena estrategia para estos momentos es compartir estos preparativos y realizarlos con la ilusión que las expectativas de unas buenas vacaciones conllevan.

Los hay que, pese a su necesidad, no consiguen desconectar del trabajo ni tan siquiera unos días y si lo consiguen será pasados unos días de vacaciones. Muchos facilitan esta conexión incorporando en las maletas portátiles, móviles e incluso documentos de trabajo. Uno se siente así tan imprescindible que no puede desconectar, siendo en la mayoría de los casos innecesario. También es verdad que algunas profesiones motivan este tipo de vacaciones a tiempo parcial donde uno debe estar conectado con el trabajo para su constante asesoramiento o incluso si fuera necesario el retorno anticipado de las vacaciones. Es en estos casos, y no en otros, los móviles y los portátiles hacen viable la posibilidad de tener vacaciones.

Tenemos otro factor que también aumenta cierto estrés. Cuando se viaja con la familia uno debe preparase para ello. Durante el año, la convivencia familiar real es mínima. Entre semana los ratos que se pasan en familia son escasos y son más bien momentos en los que cada uno realiza tareas cotidianas, muchas veces sin compartir las mismas. Con el fin de semana los tiempos reales que se pasan juntos se incrementan, pero a medida que aumenta la edad de los hijos, las actividades que se comparten en familia son menores. Así pues, al llegar las vacaciones y permanecer la familia más tiempo real junta hace, en muchos casos, aumentar la probabilidad de conflictos. Esto no es siempre de esta forma si nos preparamos y entendemos que las vacaciones son para todos y que todos los miembros de la familia necesitan disfrutar.

Una buena planificación de las vacaciones conlleva un mayor disfrute de las mismas, para que éstas no produzcan un aumento de las tareas cotidianas de obligado cumplimiento. Por ejemplo, todos conocemos algunas mamas o papas que sacrifican y regalan sus vacaciones a la familia, duplicando con las vacaciones sus tareas cotidianas de atención y cuidado a la familia. Sin embargo, un alto grado de actividad puede darse en unas buenas vacaciones, por realizarse por ejemplo intensas actividades deportivas.

Lo importante no es tanto la intensidad de la actividad a realizar, sino el poder cambiar y descansar de la rutina que se realiza durante todo el año, en una palabra desconectas de la rutina que durante el año nos tiene agotados.

jueves, 9 de junio de 2016

Asertividad y eficacia

ASERTIVIDAD
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La asertividad es aquella disposición de las personas para asegurar y afirmar con decisión y seguridad todo lo que uno dice o hace. Se refiere, por tanto a la capacidad que uno tiene para hacer valer sus derechos y expresar sus sentimientos personales. Una persona asertiva defiende sus propios intereses y expresa sus opiniones, de forma eficaz. La asertividad se relaciona también, por lo tanto, con la seguridad que uno tiene en sí mismo y con su propia autoestima.

Por ejemplo, supongamos que hace calor y uno lleva esperando horas en la cola de una taquilla para la compra de entradas de un espectáculo, y una persona, quizás avispada por ello, se cuele en la fila delante de nuestras narices. Ante esta situación cada uno de nosotros podría dar respuestas diferentes a esta persona, que irían desde el total silencio hasta incluso una respuesta agresiva, pasando por una respuesta asertiva. Esta última, sin lugar a dudas es la respuesta más eficaz. Lo ideal es que uno pueda, de manera educada, expresar, a la persona que se cuela, sus derechos para que se hagan valer. Esto que parece tan sencillo, en muchos casos no lo es, ya que ajustar este grado de asertividad para algunos por defecto y para otros por exceso puede llegar a resultar difícil.

Para lograr este ajustado grado de asertividad es necesario tomar conciencia clara y real de lo que son los propios derechos. Hay personas que en un extremo llegan a restringir sus derechos. En estos casos la persona teme hacer valer sus derechos por haber hecho esta restricción, por miedo a invadir el terreno de los demás o por temor a poder llegar a ser rechazado afectivamente. En este caso, la persona tiene claramente un estilo pasivo ante las situaciones donde podría ser asertivo y por lo tanto más eficaz. La principal dificultad de este estilo pasivo es que los demás llegan aprovecharse de ellos y se acumula un estrés fundamentado en la insatisfacción y resentimiento consigo mismo.

Otro grupo de personas, por exceso en el grado de conciencia de sus derechos, llegan a opinar y creerse que tienen derecho a casi todo y sin escrúpulo llegan arrollar los derechos de los demás. Estas personas tienen un estilo agresivo y al igual que el pasivo es muy poco efectivo.

La asertividad se relaciona con otras capacidades y rasgos de Personalidad que ayudan en el ajuste de la misma, pero en su mayor medida ésta depende de un proceso de aprendizaje que comienza en la infancia. Los niños reciben la seguridad a través de sus padres, estos son los que deciden lo que deben o no deben hacer, los que delimitan tanto sus derechos como sus obligaciones. De esta manera los niños aprenden a respetar a los demás, aprenden que no tienen derecho a todas sus apetencias, aprenden a ser consecuentes con sus actos, aprenden a estimar y defender sus propias pertenencias. La escolaridad es una fuente también muy importante en el proceso de aprendizaje de la asertividad. En el colegio, el niño se va entrenar en vivo como defender sus derechos entre sus compañeros e incluso ante los adultos.

Cuando una persona por defecto de su asertividad no es capaz de hacer valer sus derechos le puede llegar a provocar un alto grado de insatisfacción con relación a sí mismo. Para defenderse de esta angustia contenida este tipo de personas utilizan, en muchos casos, los autoengaños con relación a su conducta que le sirven para justificar o excusar su falta de asertividad. Así, en el ejemplo anterior, uno puede engañarse pensando que la persona que interrumpió en la fila seguramente tenía más necesidad que uno mismo, en definitiva más derecho. De esta manera, a las personas que responden de esta forma, les cuesta realmente llegar a ser conscientes de su falta de asertividad.

De igual forma que el niño va aprender en su mundo a ser asertivo, en su familia y en la escuela, el adulto puede aprender, si no llego hacerlo en la infancia, a ser asertivo en su ámbito social. Para ello, en el entrenamiento en asertividad se emplean diferentes estrategias para ir superando pequeños objetivos. Este entrenamiento puede ser guiado por un especialista que ira marcando los pasos a seguir. La persona, comienza por identificar las situaciones en las que desea aumentar su asertividad y analiza cada una de las posibles respuestas a cada situación. El objetivo es que el sujeto aprenda a sentirse bien consigo mismo siendo asertivo, siendo eficaz y vaya adquiriendo mayor autoafirmación y confianza. Es un entrenamiento muy válido que en la mayoría de los casos consigue un alto grado de satisfacción personal.



domingo, 5 de junio de 2016

Atención a las dietas preverano...


                                         LA ANOREXIA

La anorexia nerviosa es trastorno de alimentación que en los últimos años su incidencia ha ido en aumento y que tiene graves secuelas físicas, psicológicas y sociales. Es un trastorno que afecta además del enfermo, a sus familias y al entorno más próximo. 

La anorexia afecta mayoritariamente a mujeres prepúberes o adolescentes y se caracteriza por un gran deseo en pesar cada vez menos, un intenso miedo a la gordura y un peculiar trastorno del esquema corporal. Las conductas más características de la anorexia son una intensa restricción alimentaria, el ejercicio físico exagerado y las conductas de purga (vómitos y uso de laxantes).

En los últimos 30 años la incidencia y prevalencia (el número de casos y la duración media del trastorno) de la anorexia a ido aumentando de forma alarmante en Europa, EEUU y Canadá, llegando a una incidencia global de 0.45%. En España tanto la anorexia como la bulimia aparecen diez años después que en el norte de Europa y tiene de característico la rapidez de su propagación.

El anhelo de adelgazar o de mantenerse delgado se ha convertido en nuestros días en un valor central de nuestra cultura y es un hecho indiscutible su interiorización en todos nosotros. El modelo estético de mujer que impera cada vez con más fuerza es el de delgadez de cintura para abajo y voluminosidad pectoral. La mayoría de nosotros realiza cuanto menos ciertas conductas anoréxicas, dietas, uso de laxantes y otros fármacos que ayudan adelgazar, ejercicio...

Todos los medios de comunicación y divulgación nos muestran constantemente el estereotipo de cuerpos delgados y distintos métodos de adelgazamiento. Cada día resulta más complicado ir de compras y no dejarse el pellejo en los probadores para encontrar un pantalón de nuestra talla. Interiorizamos de alguna manera la necesidad de estar delgados para gustar y para poder sentirnos bien.
 
Los factores causales de la anorexia son biológicos, psicológicos, sociales y familiares y por ello se hace difícil distinguirlos de los factores precursores, ya que por ejemplo hacer una dieta es una condición necesaria pero no suficiente para que se dé el trastorno.

El tratamiento de la anorexia combina un tratamiento médico, psiquiátrico, psicológico, social, familiar y grupal, con ingreso hospitalario o de forma ambulatoria dependiendo del paciente, de la gravedad e intensidad de los síntomas en cada momento y de su cronicidad. Una de las dificultades con las que nos encontramos en el tratamiento de este trastorno es la falta de conciencia de los pacientes de su enfermedad. Es necesario hacer un diseño de intervención individualizado que abarque toda la problemática que presente el paciente. Un diagnostico precoz de esta patología es fundamental, por lo que los padres, familiares más cercanos, educadores y amigos tienen que estar más alerta de los síntomas de alarma para concienciar al paciente y acudir a un profesional.

SINTOMAS DE ALARMA

·        Pérdida significativa de peso.
·        Preocupación exagerada por la figura y el peso.
·        Amenorrea en las mujeres.
·        Ejercicio excesivo
·        Pertenencia a grupo de riesgo: atletas, ballet, modelos...

A los padres, familiares, educadores y un poco a todos nos toca intentar prevenir a nivel primario la anorexia y para ello encuentro distintas maneras:

·        Tener una buena información de la enfermedad y sus riesgos reales.
·        Modificar o corregir las conductas precursoras como son las dietas.
·     Detención del grupo de riesgo, sobre aquellos que se sienten insatisfechos con la imagen corporal, tienen complejos, etc.
·     Correcta educación alimentaria. Si uno practica conductas anoréxicas de dietas y preocupación por perder peso es seguro que trasmita esto a sus hijos y estos traten de imitarlos.
·        Sensibilización del peligro para la salud de las restricciones alimentarias.

Ser consciente del gravísimo problema es un buen paso para no caer en las redes de la actual cultura de la delgadez.

miércoles, 1 de junio de 2016

TICS, MORDERSE LAS UÑAS, ARRANCARSE EL CABELLO...

HABITOS NERVIOSOS

Todos poseemos conductas que son hábitos y éstos son normales hasta que interfieren en el desarrollo de otras conductas. Los hábitos nerviosos pueden aparecer en cualquiera de nosotros y en cualquier momento. Aunque en ocasiones forman parte de una sintomatología de una patología, en otras pueden darse aisladas e incluso podemos encontrarnos completamente adaptados a las mismas.

Los hábitos que más frecuentemente conocemos son los tics, morderse las uñas, e incluso el tartamudeo. Otros hábitos, como arrancarse el cabello, también son frecuentes aunque parece que los que los poseen saben esconderlo. Y parece que, ante la falta de control que producen estas conductas, los que las tienen sientan vergüenza ante las mismas y traten por ello de esconderlas.

Las encuestas y estudios que se han realizado sobre la frecuencia de los hábitos nerviosos nos indican que algunos de estos hábitos son tan comunes que todos podríamos estar seguros que la mayoría de nuestros amigos han tenido uno o más de estos hábitos en algún momento de su vida. Lo que sucede es que también en la mayoría de los casos han conseguido ocultarlo e incluso eliminarlo. Así las cifras de morderse las uñas rondan el 45% en niños durante la pubertad y el 10 % en adultos. Probablemente, se puede decir que una de cada cien personas padece un tics nerviosos y en cuanto a tirarse del cabello se calcula que el 10% se ha tirado del mismo en alguna época y un 4% lo hace en este momento.

Estos hábitos se caracterizan por tener un desarrollo gradual en el tiempo. Muchas veces pueden producirse como una conducta normal (como puede ser chuparse el dedo después de la toma del biberón), y en muchas ocasiones se dan por la imitación de esa misma conducta. Si pensamos en ello seguro que encontramos que hemos aprendido de nuestros padres algunos hábitos que en cierta medida no sirven para nada. Una vez que se aprende cierta conducta, se va consolidando progresivamente para llegar a ser un hábito y hasta llegar a realizarlo de manera casi o totalmente inconsciente. 

Esta sería la segunda característica de estos hábitos nerviosos, la falta de conciencia cuando se está realizando. Aunque nos parezca estraño, a los que no tenemos estos hábitos, esta claro que en la mayoría de los casos uno no se da cuanta de que esta realizando dicho hábito. Por eso, puede llegar a resultar tan difícil extinguir esta conducta, porque los sujetos no son conscientes de su realización.

Cuando los hábitos son sencillos y no van asociados a otras patologías, el tratamiento, generalmente es fácil y eficaz. Comienza con una motivación y concienciación del hábito, con un registro del mismo para conocer su frecuencia, duración, intensidad y los momentos en los que se da, para así diseñar la estrategia a seguir y poder eliminarlo. 

Simplemente con la auto-observación, que aumenta la conciencia del hábito y con el registro del mismo, se puede analizar ya una progresiva disminución de la frecuencia del hábito en poco tiempo, ya que con ello se consigue aumentar no sólo la conciencia sino también el autocontrol de la persona sobre su hábito en el momento en que se da.

En algunas ocasiones no resulta tan fácil de superar, y el hábito se resiste a desaparecer. A veces, el hábito tiene efectos secundarios reforzadores que hacen que sea difícil de extinguir. En otras ocasiones es parte de alguna patología y no se puede tratar al margen de la misma. La realidad es que existen distintas técnicas que nos ayudan a controlar o eliminar estas conductas que pueden llegar a interferir en nuestra vida cotidiana.

Los tratamientos que se diseñan para conseguir el dominio del hábito no utilizan el castigo en ningún momento, sino que se anima constantemente a la persona que lo realiza. Consiguen aumentar considerablemente la confianza en sí mismo, hacen desaparecer situaciones embarazosas y, generalmente, se obtiene la satisfacción de llegar a encontrarse más cómodo en las situaciones sociales y cotidianas.